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Un año después de la epopeya en la cumbre

TINERFE FUMERO | Santa Cruz de Tenerife

Ha pasado un año. Tras visitarlo en el hospital, es la primera vez que, invitados por DIARIO DE AVISOS, Antonio (el rescatador) y Hugo (el rescatado) se reencuentran. Su amabilidad nos permite reproducir la conversación.

Hugo: “La gente me felicita porque dice que es mi cumpleaños y que he vuelto a nacer, pero no lo termino de ver así. Sí ha sido una experiencia tremenda que cambia mucho mi vida”.

Antonio: “Quizás sea porque no has empezado a trabajar otra vez. Cuando lo hagas, cuando empieces a saborear lo que antes hacías, igual valoras más todo lo que ha cambiado”.

H: “Habría que preguntarle a mi familia, a mis amigos”.

A: “A nosotros también nos cambia. Vivir una experiencia como esa… Te llena, te hace cargar las pilas…”.

H: “Lo vives…”.

A: “Sí, es eso, lo vivimos. Lo hablamos luego y lo disfrutamos mucho. Lo disfrutamos ese día y luego durante la semana, al mes siguiente estamos hablando de ello… Porque el año ya nos ha merecido todo el trabajo que hacemos, solo por haber salvado la vida de una persona, para nosotros es suficiente… Verte aquí, o ver a Celso el de Los Silos, o a aquel guagüero de la punta de Bajamar, que nos decía a ver cuándo se imaginaba él que iba a subir a un helicóptero…”.

H: “Con la pierna rota, yo me decía aquí me quedo”.

– ¿Qué pensaste cuando viste llegar al helicóptero?

H: “No me enteré de nada desde que resbalé. Recuerdo el momento en el que pisé y el pie se fue y empezar a caer, pero solo el primer metro… A partir de ahí nada. Lo siguiente que recuerdo son imágenes y sonidos en la UVI, de médicos, de máquinas… Confusión, porque no entendía nada, dónde estoy, qué me ha pasado. Luego me contaron en el hospital que les hablaba”.

A: “Sí, sí, nos dijiste tu nombre, pero la verdad es que tenías la mirada perdida y cuando llegamos al helipuerto gracias a que subió el médico de Urgencias”.
H: “Me llevaste al helipuerto”.

A: “Y bajé contigo en la camilla a Urgencias. Tardamos siete minutos y medio en llegar al helipuerto desde la punta del Teide. Me acuerdo que el médico preguntaba ¿cómo está?; intentó hablar contigo y la verdad es que no reaccionabas, te tomó el pulso y dijo se nos va, vámonos, y ahí íbamos los tres, el médico, el enfermero y yo, poniéndote una vía, la mascarilla…”.

H: “El jefe del Grupo de Montaña dijo que me cogieron, me levantaron, me pusieron en la camilla y que cuando subí al helicóptero hablé. Y que cuando me estaban manipulando luego me comentaron que hablaban entre ellos y decían ‘joder este tío está fatal’. ¡Acabaron bañados en sangre!”.

A: “Tenías la temperatura muy muy baja. Creo que el médico fue fundamental para que te recuperaras porque actuó de inmediato, evitó que te desangraras más… Oye, se puso todo así. Ese día, a pesar de la fatalidad y de la desgracia que te pasó… A partir de ese momento, toda la desgracia se convirtió en fortuna”.

H: “Empezando porque alguien me vio caer, por lo visto un guía extranjero que iba con un grupo por Las Cañadas desde un mirador. ¡No sé ni quién es!”.

A: “Me dijeron que era un noruego. Él aviso a…”.

H: “A la gente del teleférico, que llegaron los primeros”.

– ¿No le puso los pelos de punta pilotar y aterrizar a esa altitud?

A: “No mucho la verdad, pero a los que estaban conmigo sí. Me decían mira déjalo, lo intentamos por tierra. Y yo les respondía que no que no, que se muere…”.

– ¿Se encontraba al límite de tus capacidades?

A: “¡Al límite el helicóptero! Mis capacidades estarían por ahí, pero el helicóptero sí que seguro que estaba al límite… Se bajaban las vueltas, se quedaba sin peso… Lo intentamos tres veces y a la cuarta fue cuando pudimos entrar en la punta, cogiendo un poco de efecto suelo, aprovechando la ladera… La verdad es que dices hoy voy a intentarlo y que va, no te sale, Igual sin combustible ni nadie a bordo…”.

H: “A esa altura es impresionante. ¿Había viento racheado?”

A: “Sí sí, sí que había viento racheado, lo que pasa es que la zona donde estabas, una vez que entras, ya no tienes ese problema porque aprovechas el efecto suelo. Pero vamos, el hielo era una pista tremenda”.

H: “Recuerdo antes de caer que el simple intento de clavar los trampones era imposible…”.

A: “Patinábamos. Al principio queríamos cogerte justo delante para poderte cargar bien y directamente, pero los rescatadores de montaña nos dijeron que era imposible, que no había sitio material para posar el helicóptero. Lo pusimos detrás”.

H: “Ya tengo el alta, incluso el alta en vuelo, Estoy al 100%”.

A: “El último vuelo lo hiciste conmigo y el primero también. Así celebramos tu cumpleaños…”

H: “Eso está hecho, hombre”.

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“Siempre piensas que no te va a pasar nada porque, como lo has hecho antes…”

Fue el 16 de enero del año pasado cuando la Guardia Civil rescató en condiciones extremas a un montañero accidentado en la cara norte del Teide, en un servicio ya histórico puesto que el helicóptero que pilotaba el hoy capitán Antonio Márquez tomó tierra a unos 3.300 metros de altitud, lo que hace de este rescate aéreo el de mayor altitud registrado en nuestro país.

El rescate de este montañero se llevó a cabo primero en cordadas por parte del Grupo de Montaña en una zona peligrosa porque había muchas placas de hielo. Ante la dificultad de la evacuación, la Guardia Civil decidió activar un helicóptero cuya tripulación logró tomar tierra a la citada altura y evacuar al herido en tiempo récord hasta el Hospital Universitario de Canarias.

El montañero accidentado es un tinerfeño nacido por accidente en Almería hace ya 36 años de edad. Casualmente, Hugo Asensio es piloto de helicópteros de profesión; tras formarse como tal en el Ejército, trabaja para los servicios contra incendios de Andalucía, concretamente en la provincia de Granada. Aunque ya tiene el alta, espera incorporarse al trabajo en unos dos meses.

Quién mejor que el propio Hugo para recordar lo que pasó: “Caí, resbalé y me despeñé por una pendiente de hielo y me estrellé contra unas rocas. Caí durante ciento y pico metros, fue largo…”.

Sobre las heridas sufridas, el relato de la víctima es estremecedor, aunque las enumera con tono monocorde, el propio de quien lo ha contado muchas veces: “Sufrí rotura parcial de cuatro ligamentos en el tobillo izquierdo, rotura parcial de dos ligamentos en la rodilla izquierda, fractura en la cresta iliaca, en la pelvis, fractura de cúbito y radio, me tuvieron que intervenir para ponerme plaquitas y tornillos, fractura de mandíbula, contusión renal… Estaba consciente pero no lo recuerdo; tuve muchas heridas abiertas en la cabeza”.

En total, treinta y cinco días en el hospital, de los que dos semanas fueron en la Unidad de Vigilancia Intensiva, “las más fáciles porque apenas me enteré”, apunta.

Pero la rehabilitación ha durado casi un año, aunque los resultados son óptimos. “Menos mal que antes del accidente era una persona muy activa, que hacía mucho deporte. Y sé lo que es la disciplina de un entrenamiento y eso lo apliqué al rehabilitamiento. Yo hacía de todo: bicicleta, montaña, escalada, siempre corría… Estaba con muchas ganas de hacer pruebas de Triatlon, que hace años había hecho ya algunas… Lo cierto es que me he vuelto mucho más tranquilo”.

Al preguntarle qué ha cambiado, Hugo es claro: “Ahora los riesgos… Siempre piensas que a ti no te va a pasar nada, porque como lo has hecho antes… Ya no lo veo así, no”.

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UHEL-11: Algo más que un servicio que llega por el aire

“Déjelo claro, aquí el mérito es de toda la unidad, porque cada uno por su cuenta no consigue nada de nada”. El que aboga por los suyos es Antonio Márquez, que aquel 16 de enero del año pasado posó el helicóptero a unos 3.300 metros de altura.

“Si no contásemos con unos mecánicos y una tripulación de grandísimo nivel, tenga por seguro que no se llega ni a la esquina”, insiste el recién ascendido a capitán. Creada el 21 de noviembre de 1984, la Unidad de Helicópteros del Servicio Aéreo de la Guardia Civil, perteneciente a la 16 Zona de Canarias y radicada en el aeropuerto de Los Rodeos, da servicio a toda Canarias.

En la actualidad se encuentra estructurada en dos unidades territoriales: la UHEL 11 con base en Los Rodeos y la UHEL 15, en Fuerteventura.

Por orden de antigüedad, los componentes de la UHEL-11 son el comandante Alcaide (piloto y jefe del sector), el capitán Márquez (piloto, jefe de mantenimiento y piloto de pruebas), el teniente Saavedra (piloto, jefe de operaciones y seguridad de vuelo), el sargento De Pablos (piloto), el sargento Gil (mecánico), el cabo 1º Brime (piloto), el cabo 1º Maximiliano (mecánico), el cabo Hinarejos (piloto), el guardia civil 1º Sixto (mecánico), el guardia civil Ayube (mecánico), el guardia civil Zuazua (mecánico). y el guardia civil Casas (escribiente).