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Unos mil invidentes de benefician de la ayuda de los perros guía de la ONCE

Los perros guía realizan una excelente labor para las personas invidentes. | ONCE

EFE | Madrid

Unos mil perros de raza labrador, golden retriever, pastor alemán o flat coated trabajan actualmente en España, como lazarillos de sus dueños invidentes, gracias a la Fundación del Perro Guía de la Once, un centro que está entre los mayores de Europa y que adiestra a unos 140 canes al año.

La genética de los mejores ejemplares, incluido un banco de semen con aportaciones de todo el mundo, que produce una línea de cría excepcional entre las razas que dan los mejores resultados, es el principio de un largo proceso que se gesta en los tres edificios y 11.000 metros cuadrados que la Fundación del Perro Guía de la ONCE tiene en Bohadilla del Monte, muy cerca de Madrid.

Los reproductores viven en familias de voluntarios, que reciben la ayuda de la clínica y el hospital veterinarios del centro.

“Controlamos los ciclos de reproducción y las hembras vienen al centro a pasar los períodos de celo, para evitar montas accidentales.
Cada dos períodos las cruzamos con uno de nuestros reproductores macho”, señala Nuria García, responsable de perreras del centro.

Nuria García explica que “mucho más importante” que las razas utilizadas, por más que éstas aportan una buena base, es la línea de cría dentro de ellas, es decir, la selección genética contínua, para obtener temperamentos equilibrados y ejemplares sin problemas físicos heredados.

En el centro de la Fundación trabajan entrenadores e instructores formados en escuelas pioneras en esta disciplina de Estados Unidos o Reino Unido. Ellos aplican un método único de educación a estos cánidos para que, cada año, salgan unos ciento cuarenta a trabajar en nuestras calles.

Los más de cien cachorros que viven de media en las perreras de la Fundación crecen en compañía de sus madres en un entorno controlado hasta en los mínimos detalles (hilo musical, climatización…) y pasan luego a domicilios particulares de voluntarios que cumplen las exigentes condiciones que impone la ONCE.

Con ellos transcurrirán sus primeros meses de vida “socializándose”, es decir, acostumbrándose a las personas, las multitudes, el entorno urbano… hasta que, cuando cumplen un año de vida, llega la hora de volver al centro.

“Al año de edad, una vez socializado con una familia de voluntarios, el perro comienza seis meses de adiestramiento propiamente dicho, primero el de iniciación y luego el avanzado”, señala Ricardo Vicente, instructor del centro.

Más adelante, y tras pasar una nueva criba (los descartes vuelven a los domicilios de voluntarios para ser simplemente perros de compañía) se busca, a partir de un banco de datos de solicitantes, un dueño adecuado para el futuro perro guía.

“Hay tanta variedad de temperamentos entre los perros como entre las personas y hay que buscar la idoneidad entre ambos” en función de sus respectivas capacidades físicas, el modo de vida de la persona y otros factores, explica Ricardo de Vicente.

Una vez encajado el perro con un posible dueño, ambos conviven varias semanas en la residencia de la Fundación y, finalmente, el perro seleccionado después de un proceso cuyo coste ronda los 40.000 euros, es capaz de sortear obstáculos, pararse en semáforos, enfrentarse a escaleras y mantenerse concentrado a pesar de estímulos que distraerían a cualquier otro can.

Es un proceso complejo pero la producción de la Fundación de la ONCE da idea de la capacidad de este centro, que une la tecnología más sofisticada (como el laboratorio de cría y un hospital y clínica veterinarios) con el arte de entender a los perros.