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Visiones de la crisis > Francisco Pomares

Un amigo me pide que escriba sobre la dimensión sicológica de la crisis, que no sé exactamente qué es lo que quiere decir, pero supongo que algo tendrá que ver con la mala leche que se nos está poniendo a todos a cuenta de la situación económica.

Me encantaría escribir de eso, estoy un poco harto de pasarme la vida dándole a la tecla con los congresos de estos y las promesas incumplidas de aquellos, pero la verdad es que no me cuadra mucho el argumento de que esté todo el mundo enfadado.

Es verdad que hay motivos más que sobrados, con el paro, los ajustes y la ausencia de futuro, pero leo en internet que el último sondeo del CIS atribuye a las medidas de órdago del Gobierno de Rajoy -subida de impuestos y otras fruslerías- un impacto de tan solo dos puntos en las expectativas electorales del PP, en relación con sus resultados del 20-N. Después de lo que ha llovido, me parece un impacto muy reducido: sería razonable por ello deducir que la nuestra es una sociedad dada al masoquismo.

En realidad, a algunos les pone lo de ser maltratados por el que manda, y poder luego quejarse de ello. Es la única explicación al hecho de que entre los votantes del PP nadie se sienta especialmente enfadado ni ofendido porque Rajoy haya hecho, nada más llegar al Gobierno, justo lo contrario de lo que nos dijo que iba a hacer.

Es verdad que el electorado de derechas -el que votó como un solo hombre al PP mientras los votantes del PSOE se quedaban en casa- es más fiel y tolerante con sus líderes que el de izquierdas, y perdona más los engaños, excepto si se trata de cuernos y asuntos relativos a la honra.

En ese sentido, puede decirse que el electorado de derechas es como más confiado, más creyente, que tiene más fe en los suyos, mientras el de izquierdas resulta ser bastante descreído, desconfía por principio de cualquiera con corbata (no vaya a ser un banquero o un vendedor de libros a domicilio) y por cualquier bobería sin importancia se arruga y se queda en casa a la hora de ir a votar.

Eso explicaría que con solo medio millón de votos más que los que tuvo Zapatero la última vez que se presentó a las elecciones, hace cuatro años, Rajoy tenga hoy una mayoría absoluta tan absoluta.