Viva la crisis > Juan Bosco

Lo es cierto que estemos al borde de ese abismo que ninguno de los que lo anuncia es capaz de describir; tal vez porque un vaticinio tan dramático e irresponsable responde simplemente a la tragedia que se avecina para esa pobre minoría de gente autoengañada que se creyó que ser es lo mismo que tener. No, no es cierto, y ya está bien de mirar a otro lado ante el vergonzoso ejercicio de manipulación que protege la usura, ahora que la hucha se les ha roto por el descubrimiento de que la religión-dinero es una trampa solo para el que lo posee. Ellos son los que tiemblan, sólo que lo hacen a escondidas, cuando la soledad revienta en sus vidas tan llenas de tanto y tan vacías de todo. Los demás, los que no hemos caído en la patraña del sistema de mercadeo simplón, somos capaces de aguantar esto y más, porque esta crisis, como cualquier otra, es nuestra gran oportunidad. Pero nos falta algo, quizás lo más importante; nos falta creer la verdad del asunto: que todo depende de nosotros mismos, como individuos y como colectivo humano. Solo esa premisa siembra movimiento en este vasto campo de almas estáticas en que se está convirtiendo el mundo por dejarnos convencer de que estamos aquí para ser espectadores de las tropelías que da de sí la avaricia. Y, porque solo lo que se mueve está vivo, necesitamos demostrarnos a nosotros mismos precisamente eso, que estamos vivos; luego, convencidos de algo tan sencillo pero tan grandioso, podremos dar paso a una dinámica de contagio positivo que nos movilice el ánimo a todos. Solo entonces dejaremos de esperar; solo así podremos tomar el timón de los problemas para hacerles frente; es de ese modo como se le ordena silencio a las estructuras del poder, tan aguerridas pero a la vez tan míseras porque se nutren de las taras más tristes que ha ido generando la historia en los seres humanos.

Silencio; es la única palabra que vale la pena gritar, paradójicamente. Y después, una vez acallado ese cotidiano y molesto ruido que brota de las conversaciones, de los medios de comunicación, de los gobiernos y de todas partes, a trabajar; cada uno desde su porción de responsabilidad, yendo al encuentro de un profundo sentimiento de gratitud por el hecho de la vida que, al parecer, se nos nubló con los años; de ahí provendrá la alegría y, con ella, llegará la esperanza, eso que tanto ansiamos y que unos cuantos se empeñan en robarnos. Con esperanza, cada día será un ilusionante inicio, no un campo de batalla, y cada situación una posibilidad para crecer, para aprender, porque en cada instante empieza la vida nuevamente. Y el que se equivoque, que no tema ni se lamente; ¿dónde está escrito que un tropiezo impide seguir avanzando? Así que punto y final a la espera, un gran cerrojo a la ansiedad y el miedo, una friega interior que nos limpie el pesimismo y la desconfianza, y adelante, que todos los caminos empiezan con el primer paso.

juanbosco.gd@gmail.com