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Vuelve la otra pasma > Jorge Bethencourt

La gente honrada no tiene nada que temer de la policía, dicen. Pero la vida tiene tendencia a cargarse de un plumazo las frases hechas. Padres, madres y jóvenes de clase media han descubierto, en Valencia, que los que sirven a la sociedad sirven en realidad a los que gobiernan las sociedades. El Estado somos todos, pero unos son más Estado que otros.

Los países occidentales, con carácter general, prohíben a los ciudadanos la autodefensa. O lo que es lo mismo, que tengan un arma a mano. El pueblo es soberano, pero los gobiernos decidieron dejarse de coñas, porque los pueblos armados son peligrosos. Para defender a los ciudadanos el Estado dispone de unos ciudadanos que sí van armados, a los que llama agentes de la autoridad o militares. Los militares se usan (normalmente) para defender la integridad del Estado frente a otras naciones: la defensa exterior. Los agentes de la autoridad, para defender al Estado de sus propios ciudadanos y mantener el orden: la defensa interior.

Los grises de nuestra época repartían leña como los caramelos que dan los reyes en las cabalgatas: generosa y aleatoriamente. El ejército español, que se había ganado una guerra a sí mismo (de hecho la única, porque de todos lados, Filipinas, Cuba o Marruecos, salió gloriosamente derrotado), se tomó un merecido descanso. Para acojonar a los civiles, nada mejor que los grises. Hasta tal punto que ya bien entrada la democracia a muchos todavía nos daba una cosa en los bajos cuando te acercabas por la calle a uno de esos uniformes.

Luego nos hicimos coleguitas de la pasma. Y se cambiaron de uniforme, para olvidar malos rollos. Pero ahora, que andan las cosas revueltas, los gobiernos han vuelto a echar mano de sus agentes de la autoridad (o sea de ellos), tenebrosamente vestidos de Dark Vader, para repartir cera entre el levantisco populacho. Ya se llevaron lo suyo los activistas del 15M, que se creyeron eso de que los espacios públicos son del público, o sea del pueblo. Han seguido repartiendo cera en Valencia y Cataluña. Y conforme vayan brotando protestas sociales, porque la gente está harta, el Estado va a recurrir al jarabe de palo para que las cosas no se salgan de madre. Libres sí, pero ordenaditos y en fila india. Que si no al pueblo soberano le van a llover una manada de hostias.
Twitter@JLBethencourt