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Whitney Houston > Luis Ortega

Los últimos intentos para recuperar su corona resultaron un fracaso completo. Su voz jamás recuperó la riqueza de registros, la extensión que la convirtió en “la reina indiscutible del soul y la renovadora del pop comercial”, y su belleza, ajada por el alcohol, las drogas y una tormentosa relación sentimental con el cantante de rap Bobby Brown lo impidieron. Se casó en 1992 (año de su debú cinematográfico con Kevin Costner en El guardaespaldas) y se divorció en 2007, después de una conferencia de prensa en la que denunció abusos y malos tratos. De aquella unión nació su única hija, Bobbi Kristina (1996), ingresada con una crisis nerviosa en un centro sanitario tras conocer el suicidio de su madre. Considerada la “número uno” por la crítica especializada y sus compañeros de profesión, por condiciones y presencia, tuvo cuanto quiso “menos la tranquilidad y felicidad doméstica” que hubiera lanzado su carrera a insospechados límites. Miembro de una familia modesta y cantante de godspell en la Iglesia Bautista de la Nueva Esperanza, pasó por clubes y salas menores hasta que, en 1981, grabó su primer LP, titulado con su nombre. Tras Whitney, todos sus trabajos se tradujeron en éxitos económicos y sus conciertos dentro y fuera de Norteamérica en acontecimientos memorables. El cuerpo de la artista fue hallado en la bañera del hotel Beverly Hilton por su tía Mary Jones y, aunque en los primeros momentos se habló de ahogamiento, tras los avances de la autopsia se aludió a una sobredosis de un sedante de moda entre la jet-set (llamado Xanax) mezclado con bebidas alcohólicas. Desde hacía cinco años se sometió a curas de desintoxicación sin resultados positivos; las vueltas a los escenarios y las exigencias de los espectadores, que no le perdonaron sus traspiés y pérdida de facultades, la metían de nuevo en el pozo oscuro de la soledad y la pérdida de conciencia. Ahora la llora el mundo de la farándula y los certámenes más prestigiosos invocan su memoria. Vendió la friolera de ciento setenta millones de discos y ganó en seis ocasiones el Grammy, que, en la edición de 2012, tuvo un emotivo recuerdo a su persona y a su obra. Como tantos ídolos que no alcanzaron la madurez vital, la bella Whitney luce en radiante plenitud en un olimpo construido por el imaginario popular donde no envejecen ni pierden calidades, donde mantienen, por los años de los años, los ganchos dorados con los que pescaron a sus admiradores para siempre. En esa estancia dorada, su sonrisa y su voz prodigiosa jamás tendrán merma.