POR QUÉ NO ME CALLO >

Callejón sin salida > Carmelo Rivero

En la Rusia de finales de los 80, en plena glasnost, paseando por las calles de Moscú, uno ya podía presentir, en el ambiente, la idea inevitable de un maquiavélico líder llamado a irrumpir tarde o temprano para meter en cintura a los noveles demócratas camaradas, que el padre de la perestroika iba a dejar huérfanos tras la lógica retórica de un tejerazo. Ni Yeltsin, que se dedicaba a tocar los traseros femeninos en estado de embriaguez y seminfarto, ni los cachorros ideológicos de Gorby, efímeros, parecían encarnar el futuro del país más extenso del planeta y la mayor potencia petrolera -con permiso de Canarias, of course-. El hombre iba a ser el ahora reelegido Putin, por cuya pinta de pequeño matón pelón de discoteca no daríamos un rublo si no fuera por la represión sanguinaria de los secuestros del teatro de Moscú y la escuela de Beslán, en la última década, y los asesinatos implacables en los que se adivina su alargada sombra, según la periodista Masha Gessen (el libro se titula El hombre sin rostro). ¿Tienen los estados de la UE un-a dirigente con esa mala leche para cruzarle la cara a la crisis como se merece? Da la sensación de que en la ortodoxa Europa occidental, a lo sumo, se estilan las damas de hierro tipo Tatcher o Merkel. Europa ahora es un callejón sin salida. Pero a esta crisis mafiosa le conviene la catadura de un político sórdido a cara de perro que pegue dos tiros al aire y ponga orden en el gatuperio de los mercados, la greco-gresca, la banca insolidaria y el desaguisado de recetas de los chefs de la eurozona, condenas al fracaso. Leo estupefacto el blog de Paul Krugman en El País, y una de sus machaconas ideas -ha vuelto a hacerlo en el artículo titulado Opciones angustiosas en una Europa con problemas- es que nuestros mandatarios se columpian cuando sacralizan los recortes con esa mortificación de cilicio por la vida suntuaria precedente. Lo dice claramente este Nobel de economía lleno de sentido común: una austeridad tan severa “es contraproducente, deprime el crecimiento”, y con tres dedos de frente lo que se impone es “la reactivación económica”, justo lo contrario. Las futuras generaciones sentarán en el banquillo a estos jerarcas kamikazes que no tienen vergüenza como al exprimer ministro islandés. Se están ganando una revuelta general europea a lo bestia más cargada de razones o pasiones de éxito que la recurrente huelga española (previsible como los paros gremiales del ‘Sepla’ por Semana Santa). El propio Rajoy la anunció al primer ministro finlandés con el micrófono abierto. Pero nadie quiere hacer vaticinios de la que se puede armar si nos siguen retorciendo el pescuezo.