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‘Caso Añaza’: al menos fueron dos, conocían el lugar y la víctima, foránea

Los operarios trasladan los restos hallados el pasado domingo en Añaza. / EFE

TINERFE FUMERO | Santa Cruz de Tenerife

A la espera de que los distintos exámenes que conforman una autopsia arrojen alguna luz al caso, los investigadores del Cuerpo Nacional de Policía asignados al caso del cadáver hallado desmembrado y calcinado en el santacrucero barrio de Añaza no descartan hipótesis alguna, por mucho que dos de ellas destaquen sobre las demás: que se trate de una mula de la droga fallecida tras romperse los envoltorios de los estupefacientes o que, simplemente, se trate de un ajuste de cuentas.

Eso sí, ya hay algunos datos que permiten establecer algunas premisas a los investigadores en cuestión. Por un lado, al menos tuvieron que ser dos los que transportasen el cuerpo maniatado al lugar o bien, si se habían citado allí, en reducirle para atarle, ya que cuello y tórax estaban unidos por cables finos o vergas, así como ambas manos y las piernas desmembradas halladas junto al tronco.

Otra cosa resulta razonable. Si se ha recopilado un sinfín de testimonios entre los vecinos de Añaza que olieron a carne quemada o algo semejante en torno a las siete y media de la tarde del pasado sábado, así como al menos dos vecinos que paseando a su perro, llegaron a ver hasta las llamas en el lugar donde a la mañana siguiente se encontraron los restos humanos, cabe suponer que el fallecido lleva al menos cuarenta y ocho horas fuera de su domicilio habitual. Sin embargo, no consta que alguien haya reclamado la ausencia del finado, luego gana enteros la posibilidad de que sea de fuera, ya de otra isla o de la Península ya un extranjero . Todos esos testimonios sólo hablan de olores y llamas, pero nunca de gritos, así que es previsible suponer que la autopsia confirmará que estaba muerto cuando lo quemaron.

Por último, que se escoja un sitio tan cercano a un núcleo poblado del tamaño de Añaza, y que justo se prendiera la hoguera junto a una roca que por una parte protege el fuego del viento imperante y que, por otro, impide a los habitantes de un bloque de viviendas que da a la barranquilla divisar lo que ocurre, descarta la coincidencia. Así que, al menos, los responsables de semejante atrocidad conocían con anterioridad las características del lugar donde se quemó y fueron hallados los restos del infortunado.

Sea como fuere y mientras se afanan los forenses del Instituto de Medicina Legal de Santa Cruz de Tenerife, los investigadores de la policía nacional no pierden el tiempo y, además de cotejar las denuncias por desapariciones que puedan ajustarse al caso, sobre todo las de horas y días antes de la tarde del pasado sábado.

En cuanto al uso de las vergas o alambres por parte de los delincuentes hace pensar a los especialistas a que se actuó con cierta improvisación, ya que no es el medio ideal para inmovilizar o trasladar un cuerpo.

Hervidero de rumores

Aunque la noticia corrió el pasado domingo como la pólvora en la zona santacrucera de Añaza, ayer era evidente la conmoción entre los vecinos de este barrio popular. Lo peor es que las incógnitas del caso facilitan la propagación de rumores, y la presencia de periodistas no hizo sino que una y otra vez se volviera al asunto como tema único de diálogo.

“Estas cosas mantienen la mala fama del barrio”, se quejaron muchos.

Dos antecedentes sin resolver en Tenerife

Si se confirma finalmente que se trata de una malhadada mula de la droga, sería el tercer caso en tenerife. El primero tuvo lugar el 1 de febrero de 2005 en un paraje recóndito de Montaña Amarilla (San Miguel) donde quemaron a un infortunado tras abrirle para extraer la droga que seguramente fue lo que lo mató.

El segundo de los casos es mucho más reciente aunque, como el primero, tampoco se ha resuelto. Tuvo lugar en el llamado Camino de Castellanos, otro paraje discreto en el Barrio de Túnez (Arona). Allí no hubo bañera pero sí un cadáver quemado tras destriparlo.

Que a ninguno de los dos se les haya podido identificar hace pensar que se trata de extranjeros cuya ausencia no se justificó al tratarse de un viaje que, obviamente, no se anuncia entre amigos y familiares.

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‘MULAS’ DE DROGA

Las ‘mulas’ de la droga son personas que cada año tratan de traspasar fronteras con droga en su organismo, y suponen uno de los eslabones más bajos del narcotráfico, ya que ponen en riesgo su vida por una cantidad ínfima para el beneficio que obtiene el narco.

Vagina, recto y estómago son los escondites utilizados por las mulas tras rociar la droga en cápsulas bañadas con aceite. Los llaman así porque eran mulas las que llevaban marihuana a Estados Unidos en los años 70.

1,5 son los kilos que un adulto puede transportar en su organismo, aunque en Canarias se han registrado varios casos de dos kilos.

3 son los días en los que, como máximo, la ‘mula’ debe expulsar las sustancias fuera de su cuerpo, o probablemente morirá al romperse el envoltorio por la acción de los ácidos en su estómago.

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