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Coherencia > Fernando Fernández

En el ámbito de lo individual o colectivo, de lo público o de lo privado, la coherencia es una clave del éxito y del buen hacer. El buen gestor debe actuar de manera coherente con sus principios, no hacerlo es negar la existencia misma de principios. Los límites entre la incoherencia y la falta de principios y entre la falta de éstos y la demagogia son tan sutiles que al final se confunden. Mala cosa cuando una empresa está dirigida con falta de coherencia porque ese es el camino que conduce a la quiebra. Mucho peor es cuando la incoherencia prende en la gestión de las instituciones públicas, porque en ese caso los paganos de la bancarrota somos los ciudadanos que a la postre somos sus accionistas. Escribió sobre ello días atrás Leopoldo Fernández, a propósito de la incoherencia que él aprecia en el comportamiento de las distintas administraciones, que se ha convertido en un sal pa fuera de todos contra todos.

El reciente debate de la llamada nacionalidad canaria fue todo un doloroso rosario de incoherencias. Dijo el presidente Rivero que mientras él lo sea no habrá prospecciones en busca de yacimientos petrolíferos en las aguas canarias y lo argumentó con dos razones; la primera, la existencia de un acuerdo parlamentario contrario a la realización de esas prospecciones que le obliga a ello y la segunda por propia convicción, para garantizar lo que llamó el desarrollo sostenible de las islas. Salvo que se haya caído del caballo, como ocurriera a Saulo camino de Damasco, hasta hace bien poco decía cosas distintas. Sin irnos muy lejos, aquí mismo, el pasado 3 de enero, este periódico informaba en sus titulares que en su conversación con el Ministro Soria, Rivero pidió incluir un gravamen en la reforma del REF para que las prospecciones beneficien a las islas. Según esa información, “la posición del gobierno autonómico estaría vinculada con el compromiso del gobierno central de que se incluyera en la reforma futura de Régimen Económico y Fiscal (REF) un gravamen especial para que las islas pudieran beneficiarse económicamente de las prospecciones petrolíferas”. O sea, que el problema sería cosa de perras.

El vice Pérez socialista decía el 1 de febrero de 2011 en declaraciones al diario Canarias 7 que “el PSC haría prospecciones con los ojos cerrados”. Argumentaba el eximio profesor de historia que “es un error del diablo que las administraciones no se hayan puesto de acuerdo para permitir las prospecciones petrolíferas en aguas cercanas a Canarias” y añadió que su posición al respecto es “ir a por ellas con los ojos cerrados”.

Que el líder de los socialistas canarios cambie de opinión de manera tan flagrante no debe sorprender, al fin y al cabo estamos acostumbrados a que su partido diga una cosa y la contraria según la conveniencia. Pero que el Presidente de la Comunidad Autónoma, en tanto que representante ordinario del Estado se descuelgue con unas declaraciones de grueso calibre, como las realizadas en los últimos días, es para hacérselo mirar, como dirían los catalanes a los que tanto quiere parecerse. La información y las fotos de su conchabo con sus ahora amigos de Greenpeace hay que conservarlas porque en el futuro darán mucho juego. En realidad, el posicionamiento de Rivero es de carácter más pedáneo y deben relacionarse con el próximo congreso de su partido, para el que en un momento de debilidad quiere garantizarse el apoyo de conejeros y majoreros, y no con las alegadas razones relacionadas con el interés general de los canarios.