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Cultura del esfuerzo > Jorge Bethencourt

Que el informe sobre la educación en España lleve el nombre de una torre que está por caerse -y apuntalada- desde hace siglos no debe ser casual. Y que Canarias ocupe los puestos más cercanos a la cola en todos los indicadores positivos es pura coherencia. Desde que nos dio por hablar del “debate” educativo, democratizando la toma de decisiones en el ámbito de la formación, esto se ha convertido en un pandemonium en el que la máxima preocupación de todos los sectores consiste en echarle la culpa de los fracasos al de enfrente.

El mal sistémico del país consiste en que no se premia el trabajo, el esfuerzo y el éxito. Y que no se sanciona el absentismo y la falta de productividad.

El sistema ha promovido la mediocridad y la ha blindado ante cualquier represalia. La falta de incentivos que recompensen a quien más trabaje, a quien más talento demuestre o más esfuerzos desarrolle, ha provocado que una gran mayoría de la sociedad se refugie en el cómodo e intocable refugio del pasotismo pensando que esto no depende de la contribución de cada uno, sino de la contribución del prójimo.

La dolencia de la falta de estímulos afecta al mercado privado y al público, aunque la estabilidad laboral en este último sector aumenta su morbilidad. Y lo asombroso es que la misma gente que sabe analizar por qué un equipo de fútbol que quiere ganar un partido necesita de la contribución de todos los jugadores y todas las líneas, del compromiso ofensivo y defensivo de unos y otros, del esfuerzo y del sacrificio de un delantero “que baja a defender”, se transforma en un jugador indolente cuando le toca aplicarse el cuento en su propia vida laboral.

Nos podemos pasar la vida debatiendo la inmortalidad del cangrejo. De hecho es lo que mejor hacemos. Pero pasarse la vida planificando significa que mientras la realidad discurre uno discurre por las entelequias teóricas. La educación en Canarias, como la reforma de la administración, las políticas de estímulo sectoriales, las propuestas de nueva fiscalidad o cualquier otra cosa que se les ocurra, necesita tomar decisiones valientes y aplicarlas. Y requiere apoyar a los que más se esfuerzan y trabajan.

Y ponerle las cosas menos fáciles a los que piensan que el mérito no va con ellos. A eso se resume básicamente todo. Y lo demás son cáscaras de lapa para titulares de prensa.

Twitter @JLBethencourt