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El absentismo laboral, un lujo > María Fresno

Tanto da el absentismo laboral que hace referencia a los periodos de tiempo en que un empleado se ausenta de su puesto de trabajo por causas justificadas (las reconocidas legalmente) como la incapacidad temporal o permisos relacionados con la actividad sindical; o por causas injustificadas, como retrasos, salir a fumar, recados varios o cuidado de los hijos. A estos dos tipos de absentismo hay que sumarle un tercero: el absentismo presencial, es decir, aquel que consiste en acudir al trabajo, pero dedicando una parte de la jornada laboral a actividades que no guardan relación con las tareas propias del puesto que se ocupa. Por ejemplo: consultar páginas web y usar el correo electrónico con fines personales.

Parece hasta una broma pesada que este absentismo laboral cueste 65.000 millones de euros al año a todos los españoles, tanto como el total de los recortes que piensa hacer el Gobierno de Rajoy. El absentismo es una auténtica lacra de proporciones gigantescas y que afecta no solo al empresario sino a los compañeros del constante absentista. Cerca de un millón de trabajadores faltaron cada día a su puesto de trabajo en 2011, bien por enfermedad o bien por accidente no laboral. Esto es, como si ningún trabajador en Canarias y Asturias hubiera ido a trabajar ni un solo día el año pasado. El absentismo, además, se paga muy caro, con un 6% de nuestro PIB. Si a todo esto se une el hecho de que entre un 7% y un 13% de estas bajas son fraudulentas, la cosa adquiere ya tintes dramáticos.

Esta no es una cuestión de los empresarios contra los trabajadores, puesto que en este caso deberían ser las organizaciones sindicales las que luchen por atajar este fraude, teniendo en cuenta que en el fondo, los que sí cumplen, son los más perjudicados. Mientras tanto, las empresas pierden competitividad con empleados que, al final, no son productivos.

Si lo que queremos es maximizar la fuerza del trabajo, lo que hay que hacer es controlar las bajas médicas a través de las mutuas laborales, con lo que al mismo tiempo se reducirían las listas de espera. Mientras en la administración pública, las ausencias se prolongan por los siglos de los siglos amén, los autónomos son los que tienen el índice de absentismo laboral más bajo. Un día que se quedan en casa, es un día que no producen.

Hay cinco millones de parados que poco pueden hacer. Ya bastante tienen con no tener un empleo. Los que quedan, los que sí trabajamos, tenemos una responsabilidad con esta sociedad. El absentismo no es una opción, ahora es un lujo demasiado caro.