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El cine necesario > Claudio Utrera

Un festival de cine no sólo es una importante plataforma de promoción para los profesionales del ramo o el espacio óptimo para poner en valor cualquier filme con verdaderas aspiraciones artísticas, sino una oportunidad inmejorable para reflexionar seriamente acerca del papel que está desempeñando en la actualidad el propio cine como instrumento que nos permite explorar a fondo las complejidades de la naturaleza humana. Hoy, más que nunca, y mediante el empleo de los más diversos soportes, el universo audiovisual constituye una realidad omnipresente, que sigue marcando nuestras vidas y condicionando continuamente nuestro pensamiento. Su influencia es incesante y su proyección sobre la vida de cualquier ciudadano del planeta ilimitada.

De ahí la importancia incuestionable que tienen en la actualidad los certámenes cinematográficos, especialmente aquellos que, como el nuestro, pulen su bien ganado prestigio ahondando más y más en el ideario que han venido aplicando desde su fundación: una apuesta firme por ese cine sin límite de riesgo y fuera de norma que propone nuevas miradas sobre la realidad, nuevos lenguajes con los que expresar las constantes mutaciones sociales que genera hoy el desconcertante mundo que nos rodea.

Por eso, desde Las Palmas y desde otros muchos certámenes internacionales incluidos en el amplio circuito del cine independiente, seguimos manteniéndonos alerta frente a cualquier signo de innovación cinematográfica que se produzca en el mundo, ya sea desde las soleadas praderas argentinas como desde los fríos horizontes balcánicos o desde las húmedos bosques de Tailandia, y volcándonos siempre en el apoyo a cualquier brote de creatividad que surja al margen de cualquier frontera geográfica o ideológica.

Pues bien, en medio de un escenario de crisis que, como se sabe, está afectando a todo el sector cultural del país, especialmente a quienes venimos sufriendo un progresivo adelgazamiento presupuestario desde hace ya varios años, dentro de unos días sonará el pistoletazo de salida con el que arrancarán las proyecciones de la décimo tercera edición del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. A partir de esa fecha -16 de marzo-, el casco antiguo de la ciudad se convertirá, como cada año, en un avispero de periodistas, cineastas, críticos, actores, cinéfilos, espectadores y todo tipo de curiosos unidos por un mismo sentimiento de fidelidad hacia una de las grandes citas cinematográficas de referencia de este país.

Serán ocho intensas jornadas cuajadas de estrenos del mejor cine independiente que se hace hoy en el mundo, cuya presentación desatará, sin duda, las más encendidas controversias y/o los aplausos más entusiastas entre esa amplia y variopinta grey de incondicionales del cine que, día tras día, llenan las salas de proyección en su indesmayable afán por participar al máximo de la copiosa oferta de títulos que ofrece el festival. Y, aunque no existe la fórmula infalible para satisfacer todos los gustos, ni para el cine ni para cualquier otra disciplina artística, sí contamos sin embargo con la confianza de un público que ha sabido sintonizar a la perfección con la idea que justifica la existencia de este festival, razón por la cual muchos de los títulos programados, incluidos los de las secciones competitivas, cuentan siempre, a priori, con la garantía que nos proporciona la propia marca del certamen.

Unos, lógicamente, gustarán más que otros, pero todos, sin excepción, tienen sus propias razones para explicar sobradamente su presencia en el festival. Ya sea en competición o fuera de ella, o formando parte de alguna retrospectiva, cualquiera de los casi 150 filmes que integran este año los diversos apartados del certamen responden, como en las pasadas ediciones, a un meticuloso ejercicio de selección de acuerdo con unos criterios particularmente exigentes con los valores estéticos y conceptuales que albergan las distintas obras presentadas.

Nuestra ciudad, como sucede en otras urbes españolas con cierta tradición en este terreno, ya se ha provisto, a través de estos años, de la suficiente capacidad receptiva para afrontar los desafíos de una programación sensiblemente alejada de cualquier asomo de convencionalismo, una programación, en resumidas cuentas, viva, audaz, sugestiva y renovadora, que mostrará sus cartas desde los primeros días, sin complejos de ningún género, y con la certeza de que seguimos avanzando por la senda apropiada.

Así pues, continuaremos manteniéndonos vigilantes y con una fe inmutable en una filosofía que responda ampliamente a las exigencias propias de nuestro tiempo, una filosofía donde tienen cabida la experimentación artística, en su sentido más heterodoxo, y la defensa a ultranza de un cine que afronte sin tapujos ni medias tintas, los grandes desafíos a los que nos enfrentamos en un mundo azotado por la sinrazón de la violencia, por la insolidaridad y por el desprecio más absoluto a las singularidades que definen y fortalecen la indentidad cultural de todos los pueblos.

*Director del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria