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El puerto de Santa Cruz > Pedro Fernández Arcila

La noticia de la exclusión del puerto de Santa Cruz de la Red Transeuropea de Transporte les ha obligado a los responsables directos de la muerte paulatina de la actividad portuaria en nuestra capital a poner cara de víctimas y, de manera apresurada, sacar el manual de estilo del insularismo, que recomienda, para situaciones de cierta alarma social como esta, poner cara compugida y lanzar en los medios de comunicación imprecaciones tanto al malévolo gran canario como al ministro del ramo, activando un coro melifluo que, como un mantra, repetirá hasta la saciedad. ¿Por qué este daño a la pobre ciudad de Santa Cruz de Tenerife?. Con el rostro de los malos alumnos, falsean las notas y nos dicen que el puerto de Santa Cruz es el segundo de mayor tráfico de pasajeros, cuando todos los que conocen de estas estadísticas saben que están colando los pasajeros que diariamente genera el tráfico entre puerto de Los Cristianos y San Sebastián de La Gomera, o cuando hablan de la importancia del tráfico de mercancías no detallan que esta viene del tráfico de mercancía rodada, que en nuestro caso, significa que estas mercancías vienen, vade retro Satanás, del puerto de Las Palmas.

Todo está permitido con tal de ocultar el mayor fracaso político y económico de nuestra Isla, dejar en manos de indocumentados la gestión del puerto de Santa Cruz de Tenerife, permitiendo el hundimiento del motor de un elemento central de nuestra economía. Durante años nuestros políticos han llenado Tenerife de términos posmodernos como: operaciones singulares estructurantes, plataformas logísticas, actuaciones estratégicas, nodos de transporte intermodal, y demás gaitas. Para ellos era un deleite poner estos nombres en los planos y era un goce pronunciarlos en los foros para que los técnicos sin criterio le recordaran sus excelencias, pero sobre todo se lo agradecían las grandes empresas constructoras que confunden la economía con sus beneficios. Tanta pompa y tanto ambiente fatuo que claro, ellos creadores de las nuevas realidades, inventores de tantas palabras biensonantes, grandes estetas, fajarse en la defensa del puerto de Santa Cruz era ocupación que no estaba a su nivel, además se les podía desmontar la “gran operación singularmente especulativa” del puerto de Granadilla.

Mientras en Las Palmas, desde que en Bruselas salió, allá por el 2001, el Libro Blanco del Transporte, vieron las posibilidades que ofrecía estos nuevos enfoques europeos y, sin dudarlo un instante, invirtieron en potenciar el puerto de la Luz y se dedicaron a organizar grupos de presión en Bruselas y Madrid para garantizar su presencia en esa Red Transeuropea. Hoy el tiempo, la energía y el dinero que le han destinado a este dossier les permitirá incrementar la operatividad y dar un salto cualitativo en la gestión de aquel puerto.

La situación es tan dramática que, a pesar de todo y por el bien de Santa Cruz deseo que lleguen a bien puerto estos mensajes insularistas, pero no olvidemos que lo conseguido en Las Palmas es producto del trabajo, mientras en Tenerife, con tanta frivolidad hemos logrado tener dos especies en vías de extinción: los sebadales y el puerto de Santa Cruz de Tenerife.