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La Audiencia Provincial de Madrid acaba de condenar a una mujer por lucir de manera reiterada una camiseta con la frase “mi exmarido es gilipollas”. A Esperanza, que así se llama la señora, esta prenda que le regaló su nuevo compañero sentimental hace un par de años le pareció divertidísima. Tanto, que no dudó en ponérsela casi a diario durante unas vacaciones y subir al menos un centenar de fotografías a su Facebook posando con ella.

El exmarido y padre de sus hijos, que según se deduce no es tan gilipollas como ella pensaba, no dudó en presentar una denuncia al considerar que estos actos causaban un daño moral a su persona. El titular del juzgado de instrucción número 15, interpretando que la palabra “gilipollas” atenta contra la dignidad e imagen pública de este señor, ha condenado a Esperanza a abonarle 1.000 euros de indemnización y a permanecer durante ocho días en situación de localización permanente. Además, el juez ha calificado el acto de la mujer como un ejercicio de “muda violencia” hacia su expareja.

Teniendo en cuenta que la condenada gana 700 euros al mes y que ha tenido que solicitar el pago aplazado de la multa, no cuesta trabajo discernir quien ha resultado finalmente ser el más gilipollas de los dos implicados. Sólo la idea de que tus hijos te vean vestir de manera continua una camiseta con esa opinión sobre su padre ya debería ser motivo de reflexión, pero ya sabemos que eso de reflexionar no está muy de moda.

De cualquier modo, por si te apuntas a esta moda y quieres hacerte una camiseta con un mensaje similar, sí te recomendaría frases alternativas, igual de contundentes y explícitas, pero sin recurrir al insulto fácil. Por ejemplo: “mi exmarido no nos pasa ni un euro”, “crío sola a tus dos hijos” o “mi nuevo novio está más bueno que tú” serían legalmente más aceptables.

O también puedes vivir tu vida sin tener que recordar una y otra vez a los demás, ni a ti mismo, que tu expareja es esto o aquello. Al hacerlo es posible que piensen que el gilipollas eres tú.