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La herencia del padre Antonio

El Hogar Santa Rita II, ubicado en Las Dehesas, aloja actualmente a 769 ancianos a día completo y 20 de estancia diurna. / MOISÉS PÉREZ

GABRIELA GULESSERIAN | Puerto de la Cruz

Su imagen impregna las paredes de todos los rincones del centro. El salón de actos, las habitaciones de los abuelos, el comedor y los diferentes despachos. El del padre Antonio sigue ahí, de la misma manera que él lo dejó, ni siquiera se han atrevido a ocuparlo. Quizás, porque como dijo una de las voluntarias de Santa Rita II, su presencia sigue viva.

Mañana se cumple el primer aniversario del fallecimiento de Antonio María Hernández, el párroco que vendía “pedacitos de cielo” para mantener el Hogar de Ancianos Santa Rita II, del que fue fundador y que actualmente acoge a 769 ancianos a día completo y 20 de estancia diurna. La misa en su memoria se celebrará mañana en la iglesia de Punta Brava, a las 18.00 horas.

Doce meses después, y tras los temores de muchos ciudadanos de que su obra se resquebrajara, los responsables de la Fundación Hogar Santa Rita, que asumieron el reto de dar continuidad a un trabajo sumamente complejo, pueden afirmar que están satisfechos. Su presidente, Roque Silva Falcón, y el gerente, Tomás Villar, aseguran que nada ha cambiado. Entre otras cosas, porque han intentado mantener su obra y seguir con su filosofía, que es la de acoger a todas las personas que lo necesiten más allá de sus recursos económicos.

Ambos trabajaron con el cura codo a codo durante muchos años. Roque, casi una treintena, porque empezó en la iglesia de Punta Brava, y Villar, desde la década de los 90. A ellos se suma un gran equipo, compuesto por el Patronato, un consejo asesor, los 350 socios fundadores y cientos de voluntarios. “Lo estamos consiguiendo poco a poco, pero nos cuesta muchos desvelos, trabajo y dedicación”, dice Villar.

Confiesan que tras la muerte del sacerdote valoraron la situación a la que se tenían que enfrentar. No sabían exactamente los recursos que tenían, pero se pusieron a trabajar y se creó un consejo asesor, integrado por diferentes profesionales, para que aconsejara los pasos a seguir. El balance era “negativo” por las circunstancias, hacer frente a los préstamos, las deudas con la seguridad social, y las nóminas de los 400 trabajadores, que suponen una inversión de 550.000 euros, entre otros problemas. Pero siguieron adelante y hoy pueden garantizar que el padre Antonio “estaría orgulloso” porque lo que tanto anhelaba se está consiguiendo.

Su secreto, utilizar el camino que él había sembrado: tocar las puertas a diferentes consejeros y alcaldes y hablar con empresas para que realicen donativos. Ya han perdido la cuenta de las veces que se han desplazado a Santa Cruz durante todo este tiempo y de las llamadas telefónicas que han realizado para requerir el apoyo de las diferentes administraciones.

Cubrir la expectativas

Son tiempos complicados, también para el hogar. Cubrir las expectativas mensuales no resulta una tarea fácil ya que la pensión media que ingresa en la residencia es de 550 euros, pero el costo de cada anciano asciende a 1.200 euros y, por lo tanto, es necesario buscar el importe restante. En tema de donaciones están muy agradecidos porque ninguna empresa, sobre todo de alimentación, ha dejado de colaborar pese a que la situación de muchas de ellas no es la más idónea.

La misma buena voluntad que tienen los ayuntamientos, que ayudan en la medida de sus posibilidades porque la crisis también ha repercutido en sus recursos, el Cabildo de Tenerife, mediante la concertación de camas, y los particulares. Sin embargo, el problema económico de Santa Rita tendría solución si se cumple la Ley de Dependencia, una prestación que tienen derecho de percibir muchos de los abuelos que están en el centro. Ello no quiere decir, que sea suficiente. “Necesitamos más”, aclaran.

Por eso, el desafío futuro pasa por buscar ingresos extra. Lograr más camas concertadas y potenciar el balneario, son parte de las opciones que barajan. Tomás Villar confiesa que, antes de fallecer, el cura le manifestó que lo que necesitaba el centro era que “sus cimientos sean tan fuentes para que el viento del norte, del sur, del este y del oeste, no lo muevan”.

Como le dijo Jesucristo a San Pedro cuando fundó la Iglesia Católica. Y esto es lo que han intentado hasta ahora los responsables de la Fundación: demostrar que la herencia del padre Antonio está tan consolidada como para no derrumbarse nunca.