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La hipótesis de la muerte de Chávez > Manuel Iglesias

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha superado una nueva intervención quirúrgica en Cuba, por el proceso canceroso que le afecta. Una operación de la que según él ha salido bien y sin secuelas para el futuro. Es una proclamación de parte que algunos han acogido con dudas, porque en el ambiente electoral de Venezuela, no se sabe cuánto puede tener de verdad y cuánto de estrategia para evitar que entre los venezolanos se siembre la duda de si en él van a elegir a un hombre enfermo y tal vez en una situación próxima a su final, como afirman otros.

Esta desconfianza lleva inevitablemente a la consideración de la hipótesis de la muerte de Hugo Chávez, por políticamente incorrecto que parezca el hablar de la posibilidad del fallecimiento inminente de una persona. Porque no se puede eludir la eventualidad de que Chávez pudiera morir antes de las elecciones presidenciales de octubre, que es una contingencia que traería un impacto político antes y después.

Si el ex teniente coronel golpista no está en condiciones físicas para enfrentar las urnas, la ventaja que las encuestas le ofrecen quizás sería imposible de ser transferida a otro candidato, Porque Chávez ha creado un sistema de caudillismo que se perpetúa indefinidamente con él en el centro de la escena y, como suele suceder con los egocentrismos dictatoriales, no hay un claro sucesor, entre otras cosas por el temor que este tipo de personajes suele tener a que potenciar a alguien sea crear una alternativa que quizás no le suceda, sino que le sustituya antes.

Hay cuatro nombres destacados para una posible sucesión de Chávez: el vicepresidente Elias Jaua; el canciller Nicolás Maduro; el titular del Congreso Diosdado Cabello, y el gobernador de Barinas y hermano del presidente Adán Chavez. En caso de cercana muerte o retirada de Chávez (curiosamente es más probable lo primero que lo segundo), cualquiera podría ser el candidato del partido único chavista, pero no está claro quién, y si el que lo fuera podría lograrlo sin encontrar el rechazo y la confrontación con los otros tres, salvo que tuviera el respaldo -estos u otro- explícito y contundente de Chávez. Y no se sabe si funcionara luego una lealtad a regañadientes y sin garantía de futuro, si el actual presidente falta a su partido.

Pero para los venezolanos tal vez sería peor que Chávez ganara las elecciones y falleciera después. Si es antes, los ciudadanos podrían tener oportunidad de confirmar o no en las urnas a un sucesor, pero si es después, ese “heredero” no sería electo, sino que obtendría un poder sobrevenido por las circunstancias. Ahí, las duras pugnas internas del chavismo y la conflictividad política con la oposición, aparecen como una grave posibilidad en el futuro de los venezolanos.

Está claro es que no existe aún un heredero para este político carismático, inventor de enemigos con los cuales confrontar y en su momento destruir con cualquier instrumento.