domingo cristiano > Carmelo J. Pérez Hernández

La misericordia de sus reproches > Carmelo J. Pérez Hernández

Hoy me voy a permitir una pequeña disidencia con respecto al evangelio que se proclama en nuestros templos. No estoy de acuerdo yo con aquello de que “todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz para no verse acusado por sus obras”.
Bueno, en realidad no es puramente un cisma lo mío, sino un matiz, una salida de tono para ganarme la atención de mis amables lectores. Pero es cierto que no creo que los hijos de las tinieblas aborrezcan hoy la luz, literalmente hablando. De hecho, ése es el peligro de nuestra sociedad actual: que los malvados, los malintencionados, perpetran sus atrocidades a plena luz del día, con focos y taquígrafos. Véase el comportamiento de los tiranos, el de los poderosos que viven al margen del sufrimiento de sus pueblos, el de los vendedores de humo que se lucran de los sueños ajenos… Todos buscan la publicidad, aunque solo sea para enmascarar con el barniz de su discurso aterciopelado sus vergüenzas. ¡Pues si hasta el impresentable presidente de Guinea Ecuatorial intentó poner en marcha en la ONU una beca-premio a favor del desarrollo mientras su propia gente agoniza en manos de sus sicarios!

No, los hijos de las tinieblas están vacunados contra la luz. Y los hijos de la verdad, por contra, a menudo se adormecen en sus entretenimientos varios. Por eso es más necesaria que nunca -tan necesaria como siempre- la voz del profeta, que saque a relucir las vergüenzas de quienes ejercen de lobos sentados a la mesa de las tinieblas vestidos de corderos.

También en la Iglesia necesitamos oír la voz de los profetas y reflexionar sobre el trato que les dispensamos. Sucede a veces que nos inquietamos cuando alguien levanta la voz, sin entrar en el fondo de su protesta. Sin caer en la cuenta de que siempre ha sido difícil bajar la cabeza ante quien denuncia nuestra mediocridad de parte de Dios. A todos nos cuesta. Según mi experiencia, no siempre le cuesta más a quien más responsabilidad tiene. A menudo son los responsables intermedios… de cualquier cosa, quienes menos atentos están a la voz de Dios que sigue salvándonos desde la misericordia de sus reproches.

En la recta final hacia la celebración de los misterios de la muerte y la resurrección del Señor no hay lugar para paños calientes, parece decirnos hoy la escritura. Ya hemos sido esclavos en tierra extraña por tenerle miedo a las palabras certeras, cargadas de verdades incómodas, nos dice hoy la escritura. Y Dios nos ha salvado de ese abismo. Dios, el que no quiere la perdición de nadie, ése es su salvoconducto hacia nuestro corazón. Pero dejemos para ello que hablen los profetas, que sus criterios -aprendidos directamente leyendo en las entrañas de misericordia de Dios- dinamicen nuestras comunidades. Quién tiene voz entre nosotros. Quiénes son la imagen de lo que somos. A quiénes sentamos en los primeros puestos y dónde nos han llevado esas elecciones. A quién mandamos callar y retiramos a las trincheras. De quiénes nos desentendemos por haber olvidado que el agua fresca y vigorosa hace más ruido que el remanso de paz que simula el agua estancada. Reproches que son misericordia es el regalo que Dios nos hace mientras abre la puerta de su corazón esta cuaresma.
@karmelojph