Las auditorías de Alarcó > Manuel Ortega

Los administradores de la cosa pública, igual que los administradores privados en lo mercantil, están obligados a ser diligentes en la defensa de los intereses de sus organizaciones. Se les presupone capacidad y voluntad para el buen gobierno, y por eso han sido designados para sus cargos. Del mismo modo que un accionista de una empresa exige que sus administradores trabajen duro para conseguir los mayores beneficios, los ciudadanos exigen a los políticos que asuman su responsabilidad como gobernantes de las administraciones y empresas públicas. La responsabilidad de un político es compatible con la discusión y el debate, pero es incompatible con la desidia, el desinterés o la deslealtad. El político responsable puede sentarse en un consejo de administración de una empresa pública y disentir, expresando una opinión distinta, si la tuviese. Pero lo que no puede hacer el político responsable es fingir amnesia sobre los acuerdos que votó, para sembrar la duda sobre la actuación de sus compañeros en ese consejo de administración. Un político responsable no puede estar gobernando durante los cuatro años de un mandato, y luego decir que no sabe qué es lo se hizo en ese tiempo. Un político responsable no puede estar jugando a apuntarse los tantos mientras está en el poder y luego pretender engañar a todos diciendo que no tuvo nada que ver. Un político con sentido de la responsabilidad asume sus actos y los defiende allí donde sea necesario, tanto si fueron aciertos como errores. Lo más desconcertante de las recientes declaraciones de Alarcó es escuchar cómo reconoce sin tapujos que va a pedir auditorías a mansalva, a todas las empresas del Cabildo, como venganza por las irregularidades detectadas y demostradas en su gestión al frente de la Fundación Tenerife Salud. “Me encantan las auditorías”, ha dicho, suponemos que en clave de amenaza política. La paradoja reside en que él mismo fue un destacado miembro de los consejos de administración de esas empresas. ¿Lo recordará? El señor Alarcó fue, durante los años 2007 al 2011, miembro de los consejos de administración de las principales empresas del Cabildo de Tenerife. Seguro que lo recuerda, y nosotros también lo recordamos. ¿Cómo evitarlo, tras las persistentes glosas mediáticas con las que gustaba de adornar su rutilante gestión? En su afán por ensuciar la imagen del Cabildo con esas lamentables acusaciones, Alarcó se ha llevado por delante la credibilidad y la memoria de sus propios compañeros de partido. ¿Es que la gestión de su compañero Pedro Suárez al frente del área de Aguas del Cabildo y de la empresa Balten fue tan mala? ¿Por qué pide una nueva auditoría? ¿Para descubrir qué, exactamente? ¿Es que la gestión de la recientemente fallecida Vicenta Díaz como consejera de Titsa fue sospechosa? ¿De qué, exactamente? ¿Es que su propia gestión, la del señor Alarcó, como consejero de Metropolitano de Tenerife es merecedora de un nuevo escrutinio de los auditores? ¿Por qué? Lo siento, señor Alarcó, pero no es verdad lo que usted da a entender con sus acusaciones. Los consejeros citados fueron diligentes, leales y, desde luego, honestos en su trabajo como administradores de las empresas del Cabildo de Tenerife. Se ha quedado usted solo. Ha emprendido esta absurda batalla fratricida contra la memoria de su propia gestión y la de sus compañeros de partido, sin pararse a pensar que no todo vale, con tal de poder vengarse. El Cabildo Insular de Tenerife y todos sus magníficos funcionarios y empleados sí que valen nuestro respeto.

*Director de Movilidad en el Cabildo de Tenerife