GRANADILLA > AFECTADOS POR EL ACCIDENTE EN UNA PRESA DE SAN ISIDRO

“Lo perdí todo, y ni siquiera me dan ayuda psicológica”

Ana María visitó ayer lo que ha quedado de su casa. Emocionada y aún con el susto en el cuerpo, mostró el baño lleno de escombros y muebles removidos por el remolino incontenible que arrambló con todos sus enseres. / DA

VICENTE PÉREZ | GRANADILLA

La medianoche del 17 de diciembre, Ana María Gutiérrez lo perdió todo. Como un diluvio universal, una avalancha de agua al romperse un embalse antiguo atravesó la casa en que vivía desde hacía más de 20 años. La fuerza de la corriente arrastró decenas de metros dos gigantescos tramos de muro de la presa, se llevó la cocina, y a ella la zarandeó en el dormitorio unos interminables y oscuros minutos, en que temió por su vida.

Casi tres meses después, en el número 18 del camino de San Casiano, una pista de tierra en San Isidro, nada parece haber cambiado. María, divorciada de 52 años y en paro, vive aún en un piso alquilado, costeado por el Ayuntamiento de Granadilla.

Todavía le duelen las contusiones en las costillas, por las que precisó atención en el hospital privado del Sur, del que no guarda buen recuerdo porque, dice, ni le quitaron el frío.

Los gigantescos trozos de muro de la presa, y a María y su perra Winy, en lo que antes era la cocina, desaparecida con la avalancha. Su mascota estuvo dos días y una noche escondida en un armario, hasta que su hija la encontró. / DA

Pero lo peor es el trauma psíquico no superado, que aún le impide dormir “incluso con pastillas”. El Ayuntamiento le mandó a los pocos días un psicólogo, pero sólo habló con él una vez; luego, el 30 de diciembre, en el Servicio Canario de Salud su médico de cabecera le hizo un pase urgente para un psicólogo, pero le dieron cita para este 22 de marzo. El facultativo insistió el 2 de febrero, pero no le han adelantado la fecha, algo que indigna a esta granadillera.

“Me quedé sin nada, sin mis enseres ni objetos personales, algunos de gran valor sentimental, como unas fotos y una poesía de mi hermano fallecido”, se lamenta, mientras muestra el lugar que antes era su cocina, de la que solo quedan las baldosas.

Se queja de que le ofrecen indemnizarle con 3.000 euros, por lo que el asunto quedará en manos de la Justicia, y recuerda que ya el verano pasado llamó a la Policía Local por las filtraciones de agua hacia su casa, y que unas horas antes del suceso notó que se desbordaba la presa.

El dormitorio, y María señalando la pared aún con las marcas del lodo. / DA

Para colmo, no tiene trabajo; el último fue en Gesplan, seis meses, reparando senderos en Las Cañadas. Por ese contrato le ha dicho el Gobierno canario que ya no tiene derecho a la Prestación Canaria de Inserción, extremo que, según la afectada, recurrió el propio Consistorio, alegando el problema que ha tenido María. El Ayuntamiento confirmó que ha dado alojamiento y ayudas básicas a esta vecina, y que ahora se trata de un pleito judicial entre los damnificados y el propietario de la balsa, un empresario a quien este periódico ofreció ayer, a través de personal de su oficina, dar su versión, sin recibir respuesta.