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No pudo ser > Leopoldo Fernández

No pudo ser. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, tiró por la calle de Rajoy (la del recorte, recorte, recorte) y, como se temía, dijo que nones al pretendido relajo en el objetivo de déficit de las comunidades autónomas para este año. Así que a Canarias le toca, como a todo quisqui, apoquinar con el 1,5% y rebajar así en dos décimas su descubierto del 1,7% del ejercicio anterior, o sea, disponer de 160 millones de euros menos. No digo yo que el Gobierno tuviera que actuar a la carta, según los comportamientos de cada cual -a mejor cumplimiento de objetivos, más laxitud potencial-, pero esa fórmula parece más justa que la utilizada con carácter general para todos, derrochadores o austeros. El Consejo de Política Fiscal y Financiera, ese organismo en el que se fijan los grandes objetivos económicos para las autonomías, tuvo que escuchar, entre la aplastante mayoría del PP, las protestas de tres representantes disconformes con la medida discriminadora; en el caso andaluz, la sustancia tuvo carácter electorero y en el catalán y canario la cosa estuvo cargada de rigor y realismo. Pero de nada sirvió porque, pese al respectivo voto abstencionista, la representación estatal se mantuvo en su postura de dureza implacable. O sea, las autonomías deberán recortar conjuntamente 15.600 millones de euros en 2012, para que el déficit de las administraciones no supere el 5,8% anunciado a Bruselas. El consejero canario de Hacienda, Javier González Ortiz, lamenta que los esfuerzos isleños para estabilizar las cuentas públicas queden sin premio y con gravísimos problemas de cara al futuro inmediato, ya que no se sabe cómo quedarán las Islas en los presupuestos estatales que presente Rajoy el 30 de marzo. Como anticipo envenenado, el jefe del Gobierno adelantó ayer mismo que las inversiones públicas caerán un 40% nada menos. Una barbaridad que en Canarias podría causar estragos. De poco sirve invocar la mala financiación autonómica, que es bien cierta y ronda los 600 millones anuales, pero que ahora no toca revisar y maldita la gracia que en su día se aceptara sin rechistar. De poco sirve plantear deudas sanitarias e históricas que, aunque con gran carga de razón, no pueden documentarse. Me temo que toca apretarse más el cinturón, sobre todo al Gobierno autonómico, aumentar la deuda y prepararse para una subida de impuestos. Queda agarrarse a un milagro, o casi: que Rajoy cumpla la promesa que le hizo a Ana Oramas en su investidura cuando vino a reconocer a la diputada la mala financiación de las Islas y se comprometió a ser “justo” con Canarias. Con los presupuestos, la ocasión -y la presión, y la mejora de relaciones- la pintan calva.