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Ñosss, ¡qué precios! > Jorge Bethencourt

Miro a la gente y la veo con cara de Arenas. O sea, de funeraria. Pienso que es porque en el caso de Canarias la tostada cayó del lado de la mantequilla. Que desde hace una temporada vamos de culo y sin frenos. Pero el caso es que los políticos me dicen que no tengo razón.

Tenemos la cesta de la compra a 90 euros por encima de la media nacional. O sea, unas 15.000 pesetas de las de antes asomando la cresta. Y, claro, si resulta que los de la Unión Europea nos dan ayudas a la importación de alimentos de primera necesidad. Y si tenemos menos impuestos a la entrada de mercancías que en el resto de los restos del Estado. Y si tenemos el IGIC más bajo que el IVA peninsular. Si todo esto es así, ¿qué es lo que pasa? ¿Que la cajera del supermercado nos está clavando por lo bajini?

Va a ser que no. Va a ser que pasa lo que siempre. Que las ayudas y subvenciones que con tanta generosidad nos están dando o son un camelo o se van quedando por el camino, que ya se sabe lo que pasa con las tuberías, que tienen pérdidas.

No hace falta que se aprueben los Presupuestos Generales del Estado para saber que nos van a meter un recorte de unos 700 millones de euros. Que nos van a subir la luz. Que nos van a quitar subvenciones. Que nos van a reducir ayudas. Y a mí me parece fantástico que nos metamos con Madrid y tal, por lo del petróleo y todo eso, pero los pejeverdes que me preocupan son los que tenemos en nuestra pandorga. Los que nos van a subir los impuestos. Los que van a subir la gasolina. Y la casa del viejo cuando nos toque en herencia. Y si me apuras, el IGIC. Porque cuando los que mandan necesitan agua, los que obedecen terminan dándoles hasta el sudor.

Hace un buen rato ya que vengo acostumbrándome al desuso de mi alma, a la razón del enemigo, como decía Zitarrosa. Pero no entiendo cómo además de extraviados nos hemos perdido en el extravío. Cómo no vemos que esta tierra sólo puede subsistir con impuestos bajos, con libertad comercial, con costos que compensen vivir y trabajar donde al diablo le termina el rabo. Cómo pasa el tiempo mientras los que mandan pasan de su tiempo. Qué triste es la verdad cuando no tiene remedio.

Twitter@JLBethencourt