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Palabras disfrazadas > Jorge Bethencourt

El lenguaje está cargado de valores que se transmiten a través de la elección cuidadosa de las palabras. Hemos inventado términos tan maquiavélicos como la “discriminación positiva”, un oximorón que intenta presentar algo negativo (discriminar) como algo positivo. Una “interrupción voluntaria del embarazo” suena mejor que un aborto y por lo tanto se usa más, aunque ambos quieren decir lo mismo.

Hemos llegado a aceptar como normal la “guerra preventiva”, que se utilizó en el ataque a Irak para indicar que la guerra en realidad es un intento de prevenir otra guerra (hipotética) mucho peor. Y a veces estos conflictos producen “víctimas colaterales”, que es una manera de llamar a los inocentes que pagan el pato de las “misiones humanitarias” realizadas por hombres armados hasta los dientes. Por eso hay que tener “tolerancia cero” (ninguna tolerancia pese a ser tolerantes) con los intolerantes.

Pero la grama donde más florece el lenguaje creativo, cargado de valores o de elusiones, es el mundo político y económico. El “alivio fiscal” supone bajar impuestos y presupone que antes de que alguien bueno te aliviara otro malo te cargó con un peso extremo. La “sinergia positiva” consiste en que en vez de trabajar cada uno por su cuenta, un grupo de personas o entidades van a hacerlo coordinadamente. Una “optimización de recursos” implica que hasta ese momento alguien estaba utilizando mal una serie de instrumentos que alguien nuevo pretende hacer mejor. Claro que a veces se necesita un “redimensionamiento”, que suele ser el cierre de algo o el despido de alguien. Proceder a un “reajuste de medios” suele querer decir que sobra gente por todos lados y el objetivo es llegar al “déficit cero”, que es imposible en sí mismo (si es cero, no es déficit).

Nos hemos acostumbrado a disfrazar el lenguaje con eufemismos o palabras oscuras que sustituyen otras palabras más claras y sonoras. Tal vez porque “priorizamos” la ambigüedad antes que la claridad. Quienes tienen alguna responsabilidad descubren muy pronto las ventajas de rellenar su vocabulario con términos que consideran afortunada e imprecisamente precisos. El “crecimiento negativo” de la economía española este año es una antífrasis, un absurdo para evitar decir que vamos a hundirnos más en el pozo. Un disfraz, en suma. Porque en el fondo los ciudadanos somos más bien tontos. Aún no hemos descubierto que el verdadero oximorón de este país es hablar de “inteligencia política”.

Twitter@JLBethencourt