por peteneras> Rafael Alonso Solís

Resurrección > Rafael Alonso Solís

Una línea ideológica de los tiempos gusta de llamar reforma a la resurrección de legislaciones yacentes. Hasta hace poco, la derecha solía piar hasta la saciedad ante la eclosión de avances sociales, para acabar aceptando la realidad y renovar sin complejos la biblioteca, jactándose, incluso, de haber descubierto la libertad mediante el estudio de la ocupación secular de las mazmorras. En realidad, ahora también, y ahí están las citas del ministro de justicia, al que su padre consideraba tácitamente casposo, y al que ciertos medios, tal vez inspirados por el estigma inmortal de la caverna, suelen ver como un insidioso topo rojo, de ademanes florentinos y hondas convicciones socialistas. Como el arte suele adelantarse al punto de cocción de las ideas políticas, todo comenzó con la resurrección universal de los vampiros, los cuales llevan años surcando las sombras sin recato, una vez superado el refinado individualismo de Drácula o las perversiones aristocráticas de la condesa Bathory, para alimentarse de las carnes jugosas de los mortales. Después, o al tiempo, fueron las hordas de zombis aullantes, comiéndose unos a otros solo lo suficiente para extender la militancia y aumentar la plantilla. Resucitados los muertos -lo que siempre fue un principio muy querido por una parte selecta del dogma, y como tal forma parte del símbolo de la fe-, ahora le llega el turno a las leyes, desempolvadas de los archivos ancestrales y de las estanterías de la historia. Al fin y al cabo, también el concilio que tomó el nombre de la ciudad italiana respondió a la presiones del clero alemán, supuestamente temeroso ante la amenaza turca, y que se llevó por delante a tres Papas antes de conseguir su celebración. Como en todo, ni Trento fue una iniciativa destinada a terminar con el pluralismo religioso, ni con su revisada preceptiva se consiguió mejorar la moralidad del clero, pero se dejaron claras algunas dudas acerca del dogma, se revindicó a los santos, se reinstauró la inquisición como necesaria medida depuradora, y se estableció de manera irrevocable la existencia del purgatorio, concepto que casi ha llegado hasta hoy sin mucho esfuerzo intelectual. Sin dudar de la necesidad de las reformas, lo sospechoso es el tufo de algunas, el afán por imponerlas tras haber anunciado lo contrario, y el taimado intento de aprovechar el mandato de Europa para hacer un repujado ajuste social. Aunque no sepamos quién es Europa, quién toma las decisiones o quién valora las consecuencias. Lo cual que los vampiros han estado ahí siempre, y que la diferencia es que ahora se dejan ver durante el día y actúan con impunidad, incluso a las horas de sol.