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¿Se puede cambiar?

POR LEOCADIO J. MARTÍN BORGES*

Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.

Alexei Tolstoi

La pregunta que proponemos resulta clave cuando estamos en momento complicado de nuestra vida, bien sea forzado o premeditado. Las diferentes formas que cada uno de nosotros aborda estas situaciones las achacamos a nuestro carácter. Decimos que Juan “es fuerte” o tiene “capacidad de adaptarse” cuando vemos que alguien en circunstancias que significan, en muchos casos, abandonar una forma de vida, tiene éxito. Y ahí nos quedamos, es algo que otros pueden hacer pero nosotros no.

Según Martin Seligman, padre de la psicología positiva, hay cosas que se pueden cambiar y otras que no se pueden. En la estructura personal de cada uno de nosotros podemos distinguir tres niveles: temperamento, carácter y personalidad. El temperamento está biológicamente condicionado. El carácter es aprendido, pero constituye el núcleo duro de la memoria. Se puede cambiar, pero con la dificultad que entraña aprender un segundo idioma. La personalidad incluye nuestros planes de vida y es, decididamente, modificable.

Hay un aspecto especialmente relevante. Cada uno de nosotros tiene un estilo afectivo propio, es decir, la propensión a responder de la misma manera -con agresividad, tristeza, pesimismo, irresponsabilidad- a muchos desencadenantes. Hay personas acobardadas, irritables, envidiosas, pesimistas. Ahora sabemos que una parte importante de estos estilos afectivos son adquiridos, aprendidos y también sabemos que podemos cambiarlos con la adecuada guía y mediante esfuerzo.

Esto cambia, entonces, nuestra perspectiva de la posibilidad del cambio personal. Éste está sujeto a la determinación que cada uno tenga y, como comentábamos al principio, puede estar forzado o simplemente “queremos” hacerlo.

La personalidad

La clave esta, entonces en querer cambiar y conseguir aquello que en circunstancias excepcionales somos capaces de hacer. La idea aceptada hace un tiempo acerca de que la personalidad de un individuo está esculpida en piedra parece estar cambiando.

Carol Dweck, una psicóloga de la Universidad de Stanford se refiere a los estudios realizados con gemelos, que se casaron con mujeres que se llamaban igual o acudían a una cita vestidos de forma similar. “La implicación que se extrae de estos experimentos es que todo está programado, que la personalidad se encuentra integrada permanentemente en nuestros genes”, apunta Dweck.

La investigación sobre la personalidad ha estado está basada típicamente en una definición de la misma basada en cinco rasgos o factores principales: apertura a nuevas experiencias, responsabilidad, extroversión, amabilidad e inestabilidad emocional.

A pesar de que estos factores son importantes para el carácter de una persona, Dweck argumenta que el modelo puede estar obviando aspectos críticos de la personalidad. Las personas y sus creencias evolucionan a medida que crecen y aprenden. Las personas que tienen una visión estática de un rasgo como la inteligencia parecen estar más centrados en probarla y menos motivados en aprender o asumir nuevos retos.

Cuando enseñamos a niños o adultos que las habilidades y las características de nuestro carácter pueden evolucionar y cambiar, son más capaces de afrontar contratiempos o problemas.

De forma similar en las relaciones de pareja, aquellas personas con ideas fijas acerca de la personalidad no tratan de resolver conflictos. Los ignoran o, cuando las cosas se ponen realmente mal, simplemente rompen la relación.

Etapas del cambio

Los gurús de la autoayuda y muchos psicólogos están promoviendo desde hace unos cuantos años la idea de que si queremos cambiar solo debemos modificar nuestras creencias y proponérnoslo. Nos venden la idea de que el cambio es un proceso fácil y cotidiano. De hecho parece que nos encontramos inmersos en una especie de obsesión por reinventarnos.

Estas propuestas están muy alejadas de la realidad ya que lo cierto es que la mayoría de nosotros cambiamos tras un esfuerzo constante y prolongado. Estos cambios vienen cuando nos centramos en aspectos sencillos de nuestra vida y, poco a poco, los vamos incorporando a nuestra cotidianeidad.

Para conseguirlo, debemos entender los tres elementos más importantes para cambiar una conducta:

-Preparación. ¿Contamos con los recursos y conocimiento para producir un cambio duradero?

-Barreras. ¿Hay algo que nos está dificultando el cambio?

-Recaída. ¿Qué nos puede hacer volver a la conducta anterior?

El modelo de Estadios de Cambio propuesto por James Proschaska y Carlo DiClemente en los 70 ha sido una importante ayuda para comprender de forma efectiva como las personas cambian su conducta.

El cambio ocurre gradualmente y las recaídas son una parte inevitable en el proceso de producción de un cambio duradero.

Al principio del proceso, somos muy poco proclives al cambio, tropezamos. A medida que avanzamos en el camino adquirimos un compromiso personal con el cambio que es la clave del éxito en el mismo.

En próximas entregas ahondaremos en las herramientas y habilidades que pueden ayudarnos a cambiar, simplificando y enriqueciendo nuestra vida.

*Leocadio J. Martín Borges, Psicólogo
www.leocadiomartin.com
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