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Si Chávez muere > Randolph Revoredo Chocano

Nada es eterno: nadie tampoco. Tenemos la maldición de anticipar algunas cosas y aquí vemos una que se presenta inesperada e inexplorada. Este año Venezuela tiene elecciones presidenciales y se sabe que la salud de Chávez no es la de antes. Lo que no se sabe y poco se habla son las consecuencias de una muerte estando en el poder, si renueva mandato. Una persona que lucha contra un cáncer (que está claro no ha remitido) puede tener cualquier clase de desenlace, digan lo que digan los expertos. La cuestión es si el destino de algo bastante más significativo también está en la ruleta rusa.

La estabilidad del poder nacional en Venezuela está estructurado en torno a su figura, enferma. Una desaparición así desataría rivalidades de las más primitivas del homo sapiens, tan intensas como para desequilibrar el estado, el poco o mucho que haya. La probabilidad de una confrontación violenta entre facciones es tremenda, independientemente el precio del petróleo. Pensemos en los favorecidos por el azar genético e histórico (familiares, amigos) en los chavistas X, chavistas Y, también en los militares A, militares B, y militares que no son A ni B pero que no les disgusta jugar a Julio César al regreso de Las Galias, la oposición política (que no son una sino múltiples) todos a por el vacío abierto, de por sí insustituible porque nadie hay con el carisma que la gente se a acostumbrado en el vecindario.

De perder las próximas elecciones, las frutas del árbol del futuro son menos amargas. Pero concedamos una sonrisa a la visión cuántica del universo: todas las frutas de dicho árbol estarán alcance en el momento que toque, una con gusanos, otras envenenadas y otras de otro tipo. Todas ocurrirán. Toda probabilidad es un hecho. Hace un par de años no existía en dicho árbol todo un ramaje; este creció junto con una rebelión al orden prefijado, en un frente que el comandante no esperaba, sus propias células. Hoy hablamos de un cadáver: para la cuántica, Chávez ya ha muerto.

Es toda una ironía morir víctima de convocar los espíritus de la rebeldía: que se lo digan a Robespierre y su reino del terror. A Nietzsche y su negación de la metafísica. A Bin Laden y su afición a las balas. Chávez padece: una revolución intestina del siglo veintiuno. Y socialista porque tales seres -las células- se rebelan contra el orden establecido, tal como él mismo predica en su revolución. De vuelta al país en cuestión y nuestra limitada percepción de la realidad: que no sea la nueva Libia, que demasiado ha pasado ya esa tierra como para hacerle pasar por lo que Siria hoy, pero con petróleo, o sea, Libia. Que no se tenga que transitar por encima de las brasas ardientes para alcanzar el nuevo equilibrio, que no haya que sacrificar miles de corazones todavía asustados al dios Azteca para apaciguar su ira.

Que no equivoquemos.