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Soria la lía > Francisco Pomares

Va sobrado: pasándose por el arco de triunfo la presunta solemnidad del debate parlamentario sobre el Estado de la Cosa, Soria se despachó ayer con cincuenta minutos de declaraciones regionales en directo, entrando de lleno en el pulso tendido por Rivero, y rebatiendo una tras otra las acusaciones del presidente canario sobre la presunta responsabilidad soriana en el conflicto institucional entre Madrid y Canarias, el ninguneo a las islas por parte del Gobierno Rajoy o la ruptura de relaciones a cuenta del petróleo. Tuvo incluso Soria la gracieta de insistir en el exquisito tono institucional de su encuentro del día antes con la consejera Margarita Ramos -responsable socialista de Industria- a la que, según dijo, pidió ideas para articular la financiación especial de las energías renovables canarias ante el Consejo de Ministros. Y es que dos no se pelean si uno no quiere.

Soria es un pillo: desde que ganó las elecciones en Canarias y se quedó fuera, como es costumbre, Soria trabaja para dinamitar el entendimiento de los nacionalistas con el PSOE. Lo ha hecho mucho mejor de lo que -en una situación bastante parecida- lo hizo López Aguilar, entre otras cosas porque cuenta con la capacidad de actuar que le da su presencia en el Gobierno de Rajoy, y con la absoluta entrega de su partido en Canarias. Además, Soria es muchísimo más frío: no ha perdido ni un solo minuto en quejarse o en desligitar al Gobierno regional. Prefiere ocupar su tiempo en crearle un problema tras otro a Rivero, y parece que le divierte hacerlo. Le pone.

Ayer volvió a rizar el rizo del cinismo proponiendo de nuevo al PSOE un acuerdo para sustituir a Rivero ya. Es un acuerdo que sabe que hoy es inviable, pero aprovecha para recordar que son mayoría los militantes socialistas que habrían preferido un pacto con el PP, que él considera extraño, pero necesario para regenerar la vida política de las Islas, después de treinta años de Gobiernos de AIC y Coalición. Soria no olvida responsabilizar a los dirigentes del PSOE -sin nombrarlo, señala a José Miguel Pérez- como responsables de la continuidad de Rivero, y obvia que él mismo jugó idéntico rol hasta hace tan sólo dos años.

El problema es que todos estos juegos de salón se producen en un momento en el que las Islas se desangran sin remedio en una crisis económica de la que no se ve el final. La guerra del petróleo, en este contexto, parece un chiste más, otro entretenimiento de políticos para no asumir una situación cada día más explosiva.