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Alcohol y menores> Sergio García de la Cruz

Parece ser que los dirigentes políticos de este país no terminan de aclararse con el tema de los menores. Esta situación no es nueva, el problema les supera desde hace muchos años, con independencia del color político. Nadie ha sabido cómo tratar a los jóvenes, tal vez por el hecho de que no puedan votar o, por el contrario, por verlos como futuros electores. Se producen así situaciones controvertidas y, a veces, absurdas. Se es mayor para ciertas cosas y menor para otras. Por ejemplo, es posible casarse desde los 14 años o tener relaciones sexuales consentidas desde los 13, pero, en cambio, no se puede entrar en un cine X hasta cumplir los 18. Más preocupante aún es que se pueda tener un bebe desde los 13 años, con la responsabilidad y obligaciones que ello supone, con lo importante que es criar a los niños con madurez para que el día de mañana la semilla que hemos ido cultivando durante años dé buenos frutos y, en cambio, para adoptar un niño se nos pide ser mayor de 25 años y tener una estabilidad y una madurez emocional, que tendrá que demostrarse con un estudio de idoneidad.

Uno de los graves problemas de nuestra sociedad es el alcohol, sustancia legal que causa mucho daño pero que genera muchos ingresos para las arcas del Gobierno. El porcentaje de jóvenes y adolescentes que beben alcohol desde antes de los 14 años es muy elevado. A pesar de que está prohibida la venta de esta sustancia a menores, no hay medidas de actuación concreta sobre su consumo. España carece de una ley que unifique la edad a la que se puede acceder a las denominadas drogas legales y de protocolos de actuación homogéneos para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Es sabido por todos lo fácil que es hoy en día para los menores adquirir alcohol. Lo compran habitualmente en establecimientos tipo bazar, en tiendas 24 horas o en supermercados, más que en bares y no es habitual que en estos lugares comprueben la edad del cliente, optando, ante las dudas, por la venta antes que por la restricción. Además, casi la mitad de estos locales carecen del cartel de “prohibida la venta de alcohol a menores”.

La ingesta desmesurada de bebidas etílicas, causada principalmente por el llamado “consumo recreativo”, se produce durante un periodo crítico para el desarrollo, originándose unos daños neuronales irreversibles.

Por ese motivo, hay que tomar medidas para evitar que nuestros jóvenes ingieran alcohol. Dentro de las actuaciones que se deben realizar, aparte de las ya mencionadas, estarían: restringir la accesibilidad y la disponibilidad, desincentivar su consumo con más inversión en educación y prevención, poner más límites a la publicidad y promoción de bebidas alcohólicas, hacer controles e inspecciones más rigurosas de los establecimientos donde se vende o dispensa alcohol para que cumplan la ley y elaborar una ley estatal destinada a prevenir el consumo de alcohol por parte de los menores.

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