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Algo incorrecto > Jorge Bethencourt

Una de las piezas del discurso políticamente correcto de estos tiempos de crisis es demonizar a los ricos, que no pagan impuestos y no son solidarios con el resto de los ciudadanos. El problema es que esa premisa es más falsa que una promesa electoral. Porque, a ver si nos vamos enterando, España es hoy uno de los países de Europa con mayor carga fiscal sobre las rentas del trabajo. El problema es que los ricos no cobran por la vía de los salarios. Y que el dinero que se mueve en el mundo de los fondos de inversiones o las SICAV o cualquier otro instrumento financiero puede irse de un país en cuanto le empiecen a tocar el fondillo de la cartera. Por eso cuando los gobiernos necesitan hacer caja, necesariamente acaban disparándole al conejo parado del IRPF y la imposición indirecta. Es decir, al consumo.

La gran bolsa de fraude fiscal están entre nosotros. Entre los ciudadanos. El que puede no paga. Primero porque la exacción fiscal es un sistema coactivo que sólo funciona por el miedo al castigo. De forma instintiva los ciudadanos saben que los impuestos son el nuevo diezmo feudal con el que el Estado se garantiza la pervivencia de su propia estructura. Y cuando se aumenta la presión sobre el trabajo y la actividad empresarial, aumenta la sensación de que te están asaltando el bolsillo con una patente de corso. Sobre todo cuando lo que regresa, como percepción del rendimiento de tus impuestos, es una jincama de derroches, excesos y elefantes tiesos en las sabanas de África.

La economía sumergida y el fraude son medidas de autodefensa de un mercado devastado por la aspiradora fiscal. Es cierto que gracias a nuestros impuestos se atiende a personas necesitadas y se prestan servicios esenciales de educación y sanidad gratuitas. Tan cierto como que gracias a ellos se dan créditos a la banca, se pagan sueldos inconcebibles, se mantienen estructuras inútiles y se derrochan fondos a troche y moche. Con la nueva subida de los combustibles y los impuestos al consumo, nuestros sueldos sufrirán una nueva devaluación indirecta. Para salir de este círculo virtuoso de pobreza es indispensable que se desmonte el gasto público para llevarlo a sus mínimos posibles. Hay que pasar del Estado del Bienestar al Estado Sostenible. Y como dudo que se pueda hacer en un clima de asfixiante incompetencia política, lo que nos espera es más pobreza, más gasto, más impuestos y más fraudes. Y el último que apague la luz.

Twitter @JLBethencourt