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Algo va mal > Jorge Bethencourt

Hace algunas décadas, Canarias aterrizó en la autonomía soslayando a los cabildos y creando una nueva administración regional. Al mejor estilo de la época, se intentó contentar a todo el mundo construyendo un artefacto administrativo en el que se repartían papeles protagonista. La película nos salió como aquellas novelas rusas, con tantos personajes que llevaban una guía.

El nuevo modelo autonómico consumía muchos recursos, pero, entre las transferencias recibidas del Estado y el comienzo de un crecimiento económico vertiginoso, se podía pagar. Luego entramos en la Unión Europea y cayó en Canarias una abundante lluvia de millones destinados a obras de infraestructura y subvenciones a sectores productivos. Y la eclosión siguió, como si los recursos fueran ilimitados y eternos.
Antes de que la primera de las crisis nos bajara de la higuera, Canarias ya presentaba síntomas de que algo no iba bien. No sólo por nuestro desempleo, siempre superior a la media peninsular, sino porque habíamos cambiado un modelo histórico de libertades arancelarias y fiscales por otro sistema de economía continental atenuado por las “compensaciones al hecho insular”.

Con más de 340.000 parados, miles de empresas cerradas en los últimos dos años, los sectores exportadores agrícolas en retroceso y una economía fuertemente terciarizada, con miles de familias al borde de la exclusión social y tasas de pobreza inéditas en la reciente historia, parece que va siendo hora de confesar que algo se ha hecho rematadamente mal. Hablar de cambio de modelo económico es una necedad (uno no puede cambiar de modelo como el que cambia de camisa), y sobre todo a corto plazo. Pero hablar de cambio fiscal sí que es posible. Una fiscalidad que contemple exenciones en las rentas del trabajo, además de en las del capital, por vivir en Canarias. Que deje más dinero en el bolsillo de las familias de las Islas y menos en el de los gobiernos. Un hecho revolucionario que no es más que nuestra propia historia.

Si una sociedad libre reparte la riqueza en el mercado y una intervenida lo hace a través de los gobiernos, vía impuestos, aquí hemos hecho un pan como unas tortas. Y no será porque no haya impuestos. Y no será porque no haya administraciones y gobiernos. Que quede claro quién ha pisado la caca del perro. Los mismos que ahora vuelven a subir impuestos para seguir pagando las consecuencias de sus errores y, no lo olvidemos, sus nóminas.

Twitter@JLBethencourt