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Amnihastiados > Luis Alemany

Le resulta a uno difícil establecer el equilibrio entre legalidad, economía y ética que puede desprenderse de la amnistía fiscal supuestamente rescatadora de la pretendida recuperación económica del país; porque a uno se le tambalean gravemente los palos del sombrajo democrático (por más que todavía procure evitar que se desmoronen del todo) en el que sigo empeñado en seguir viviendo, contra el viento -cada vez más huracanado- de la aparente irracionalidad y la marea -cada vez más embravecida- de la sospechosa anticonstitucionalidad; porque no queda más remedio que reconocer (hablando en román paladino: no en la jerga supercalifragilísticoespialidosa de los macroeconomistas) que buscar la salvación presupuestaria del país perdonando a los delincuentes que la han provocado, parece una medida -cuando menos- lindante con el surrealismo, que haría palidecer de envidia a Perelman, que fue el guionista habitual de las películas de los Hermanos Marx.

Da la impresión de que la hipoteca -a la baja más baja posible- en la que Rajoy se ha empeñado en meter al país, para salvarlo de la ruina -en la que Aznar lo metió-, corre el riesgo de que cuando lo consiga (si finalmente lo hace) ya no quede país para disfrutar de tal salvación; en cuyo proceso no puede uno por menos de contemplar vergonzosa esta angustiada súplica a los defraudadores para que aporten caritativamente una pequeña parte del dinero que han robado al erario público, a cambio del generoso perdón de sus responsabilidades penales, en el caso -más que dudoso- de que tal robo llegara a demostrarse algún día: independientemente de la dudosa capacidad de respuesta de tales ladrones ahora amnistiados, que -en buena lógica- pudieran preferir seguir conservando las totalidad de sus hurtos en paraíso fiscales que pagar ese pequeño óbolo, que Rajoy les suplica humildemente: ¿para qué?

Tal vez resultaría fácilmente demagógico plantear (a partir de esta aparente manifestación de debilidad autoritaria gubernamental) que la extrema derecha -en la que se inscribe el actual gobierno español- no puede por menos de proyectar sus PPlanteamientos PPolíticos en función de sus afinidades ideológicas, buscando el mayor beneficio de sus próximos; porque sería injusto calificar de delincuentes a todos los miembros de un amplio espectro de derechas, en el cual (de manera paradójica) abundan -cada vez más- los pobres, que con sus rotundos votos mayoritarios han conseguido serlo cada vez más, para que los ricos (con medidas económicas como ésta) sean cada vez más ricos.