Añaza, ese barrio > Sergio de Armas Sosa

Hablar de Añaza después de un programa como el de Callejeros puede parecer recurrente para el lector; por eso, pasados unos días, la reflexión sobre el citado espacio de Cuatro ya ha perdido sentido, pero no escribir de un barrio al que me siento muy unido. La realidad está ahí y no por esconder unas cosas y ensalzar otras los añazeros van, vamos, a cambiar nuestra historia, nuestro presente y las necesidades que tenemos para afrontar el futuro. Porque no hay que disfrazar lo que sentimos por el barrio y hay que decir lo que pensamos.

Personalmente, Añaza está forjado por recuerdos dispersos por todo el barrio y, cuando paseo por la avenida o entre los bloques de las parcelas, me llegan a todas horas voces, olores e imágenes que fueron parte de lo cotidiano hace ya un tiempo.

No puede ser que de casi todo aquello hayan pasado más de diez años.

Rilke decía que nuestra patria es la infancia, y no sé quién repetía que uno es del lugar en el que estudió, al menos, el bachillerato. En ambos casos, salvo los recuerdos que como otros muchos añazeros guardo de las tarde en el local que teníamos para una radio Comunitaria llamada Onda Viva, los tengo presentes hoy como si fueran de ayer mismo.  Me basta cerrar los ojos para verme, con un gran grupo de chicos y chicas adolecentes, cómo, a través de las ondas, intentábamos unir al barrio y ellos, a mi lado, crecían a pasos agigantados.

Aquellos esfuerzos, llenos de alegrías y, por qué no decirlo, de sinsabores son el ejemplo de que tras los tópicos hay personas que han construido su historia en un barrio, por otro lado, que creció al albor de una explosión urbanística sin precedentes en Canarias.

Añaza empezó a crecer como barrio a finales de los ochenta, por lo que aún es un barrio muy joven, pasó de mil vecinos por ese entonces a tener ahora cerca de diez mil residentes. Nació de la nada urbanística,  pero con un diseño espectacular en un enclave excepcional para vivir excepto cuando baja el alisio desde la montaña al mar.

En todo estos años, el barrio creció a los pies de uno de los primeros centros comerciales del Archipiélago y brotaron como champiñones nuevos hipermercados de muebles, de electrónica; uno de los mayores bazares chinos de la isla; la loca academia de Policía (como por el barrio se le conoce); un centro de salud para toda la zona (no solo para Añaza); la única piscina cubierta de barrio municipal; la biblioteca municipal José Saramago donde en la tarde del 20 de Noviembre del 2003 el premio Nobel compartió unas horas con los jóvenes del barrio y que, junto a la Ofra, es la única de barrio también de la ciudad; la primera guardería municipal de Santa Cruz llamada Tara también está en Añaza; un campo de fútbol de césped y el único de la capital que también se hizo para rugby; y un campo de futbol 7 y dos canchas de pádel y de tenis municipal, que costaron casi un millón de euros y que les pasó lo mismo que al Titanic, no duró nada y nadie, al final, tuvo responsabilidad de lo ocurrido con esa gran inversión, pero, eso sí, un cartel de publicidad sigue en la zona, cara a la autopista y ganando dinero, ¿de quién será?  En el barrio en los últimos ocho años desde la Dirección general de la vivienda se ha invertido más de seis millones de euros en planes de rehabilitación de viviendas y de zonas comunes, dinero que en algunos casos es dinero perdido, por el mal mantenimiento que se tiene de ello después y porque muchas de sus comunidades de vecinos aun hoy en día continúan sin funcionar .

 

Añaza posee unas de las mejores zonas de costa de la capital tinerfeña y que todavía está por desarrollar, después de que en 1989 se viera frustrada su creación en beneficio del Parque Marítimo César Manrique. El que baje a la costa del barrio aún puede ver como se quedó a medias toda la construcción y el gran gasto económico realizado en ella. Hoy en día, Añaza y Acoran siguen queriendo reconciliarse con el mar. Además, en el barrio existe una de las mejores zonas arqueológicas de la isla y que a más de uno le costó un susto para lograr protegerla.

Como ven, en dotaciones pocos barrios pueden compararse, no solo en Santa Cruz, sino en toda la Isla. Pero sería hipócrita y falsear la realidad si a todo eso no se acompañara eso que también se mostró en Callejeros. A mi juicio los problemas sociales que afectan a Añaza necesitan, de  una vez por todas, afrontar la situación con perspectiva de futuro y, sobre todo, dejar atrás algo que no ha funcionado en veinte años y que creo que lastra cualquier desarrollo desde el punto de vista social.

Añaza necesita urgentemente un “Plan Integral” que debe ser capitaneado por las administraciones públicas y sin ningún tipo de intermediario para ello.

Es indispensable un programa de trabajo donde se cambie completamente a esa generación que, de verdad, son añazeros y que han nacido en el barrio, dicho sea de paso cinco sobrinos míos ya lo son.

Un plan, por ejemplo, donde los centros educativos tengan profesores o “maestros especiales” para trabajar en unas “aulas especiales” y no el que toque de la lista de Educación y que pida la baja en tres meses por no poder con el aula y sus alumnos; o donde la dirección de los equipos educativos duren más de dos años seguidos.

Se necesita hacer una evaluación y análisis para saber de una vez por todas qué se hace con el dinero que se ha invertido y se invierte en el barrio, con las subvenciones que se aplican y su resultado después de más de veinte años de trabajo, y les aseguro que son muchísimos millones de euros para ello.

Porque nadie habla de que algunas ONG que se han afincado en Añaza se han transformado en empresas que viven de la pobreza y la falta de empleo de los ciudadanos del barrio y es su clientela para justificar sus Cursos ( las subvenciones) .  Después de veinte años dando cursos de autoestima, entre otras cosas, estas ONG continúan allí donde fueron para solucionar un problema; sin duda, si permanecen –dos décadas después, casi tres generaciones- en el barrio es que no han sabido afrontar esos problemas con eficacia y no soy el único que piensa que quieren seguir sobreviviendo sin mejorar la situación, ya que si la mejoran ellos se quedan sin trabajo o, al menos, el que tienen desde veinte años en Añaza.

La creación de más plazas de guardería en el barrio así como el aumento de plazas de pediatría en el centro de salud es un fracaso de la sociedad, se mire cómo se mire, porque no se pueden estar creando más plazas de guardería para chicas adolecentes que tienen hijos desde los quince años. Es en esto último donde habría que poner el acento. Algo falla en la ONG que trabaja con estas jóvenes y, también, en la administración, ya que siguen aumentando los embarazos en adolecentes en pleno siglo XXI y se piden más plazas en las guarderías.

Por eso, durante todo este tiempo siempre les he dicho a todos aquellos que me han preguntado por el barrio, por mi querida Añaza, que lo que hay que hacer es ese Plan Integral con los Añazeros de verdad, que aborte otros proyectos caducos y que no han dado resultado y que se implementen acciones específicas para un barrio con unas particularidades únicas para lo bueno y también para lo malo.

Benito Juarez, Indígena Zapoteca y presidente de México en varias ocasiones, comentó un día que “Hay que seguir en la lucha, con lo que podamos, hasta que podamos”. Y en ese lado, los Añazeros, mi familia y amigos, siempre me tendrán