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Algunas noches me resisto a despedir la preocupada conciencia con una nueva amenaza de Montoro, y/o acólitos, que parecen disfrutar con los malos augurios y extienden sus predicciones de catástrofe a las autonomías gastadoras; y con el coro de parcas -la pequeña Soraya, la Mato que, por contraste de apellido, lleva los asuntos de salud, y la garrida Báñez, extensión femenina de Arenas. Así que la música del Ipad, un DVD viejo y un libro, que me sirve de recuerdo y contrapeso, me disponen para el sueño y me mantienen la ilusión que mañana, todo mañana, será mejor. Tras una de esas noches, con ganas de olvido, desperté con un nuevo contratiempo en la salud del rey, apresurado a incorporarse a su despacho oficial, tras su lesión en una cacería de elefantes en Botsuana. Desperté -y enseguida entré en antecedentes-supe que don Juan Carlos despachó con el, hasta hace poco tiempo, director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha y, ahora, titular del Instituto Cervantes y, más tarde,, con el ministro emiraití de Asuntos Exteriores, el jeque Abdullah bin Zayed, en las que fueron sus primeras actividades oficiales. Y, poco después, de las nueve de la noche del jueves volvió a la clínica San José para la reducción de una luxación de su cadera derecha, donde le implantaron el pasado catorce de abril una prótesis de cerámica. Como en la primera parte del suceso, la intervención quirúrgica la practicó el doctor Ángel Villamor -que ya le operó en 2011 de la rodilla y, hace menos de dos semanas, de la maltrecha cadera. En esta ocasión, un alta rápida, solicitada por el propio monarca -e imaginamos que la promesa de un comportamiento conservador y prudente en La Zarzuela- redujeron la noticia a incidente, por lo que no ocupará tanto espacio en la prensa escrita ni tiempo en los audiovisuales; seguiremos pues con la cantinela de la crisis y las advertencias que Montoro, como un oráculo de mal fario, nos repite a cada instante, mientras su colega De Guindos tiende puentes con los socialistas y se esfuerza en demostrar que la situación no es tan grave como la provocada por la desmedida codicia e irresponsabilidad que desató Lehman Brothers, entidad financiera global, referencia de la solidez del capitalismo norteamericano y de la que nuestro actual responsable de economía fue un probo y disciplinado empleado hace poco. Esperemos, entre tanto, que no vuelvan los felipistas y letizianos con la murga de la abdicación -un recurrente inoportuno y peligroso- y que el doctor Villamor no tenga, por la buena salud del rey, que hacer guardias permanentes.