retiro lo escrito >

Aviados > Alfonso González Jerez

Los promotores del 15-M -al menos parte de los mismos -han editado un libro de poesías y dibujos para conmemorar el primer aniversario de la protesta que consiguió reunir a decenas de miles de personas en manifestaciones y acampadas por toda España. Yo estaba seguro que el 15-M se conmemoraría a sí mismo porque, desde un primer momento, el fugaz movimiento, y particularmente sus portavoces y hermeneutas internos, hedía a una profunda autofascinación. Llegaron a denominarse revolucionarios y todo. Tres meses y medio después de tomar posesión ese club de sociopatas conocido como el Gobierno de Mariano Rajoy, tres meses y medio de derechos laborales conculcados, pauperización de las clases medias, desempleo galopante y reformas social y fiscalmente regresivas y no se ha visto una puñetera sentada en ninguna parte.

Lamentablemente este librito -titulado, con toda justicia, Esto no rima- lo prologa un escritor tan valioso como Isaac Rosa, que asegura que el 15-M es visto como una amenaza por las autoridades “porque no solo acampa en las plazas, también extiende sus lonas sobre las palabras (sic)”. Evidentemente el equipo de Rajoy debe estar aterrorizado. Tanto como cualquier lector cuando se encuentra con versos tan poderosos e intimidatorios como los de Marcos Ana, un cuarto de siglo en las cárceles franquistas en los que no gastó un minuto en descubrir que lo suyo no era la poesía: “¿Qué tiranos / qué cerrojos / qué murallones / qué puertas / no vencieran nuestras voces / con un alud de protesta?”. En otra pieza emocionante, Nuestras palabras y sus porras, el vate leonés Abel Aparicio le afea la conducta a la policía, tan ocupacionalmente insensible: “Os mostraban flores / y vuestra ceguera / devolvía la violencia / que protege vuestra mentira”. Ñoc. La policía optando antes por las porras que por la floricultura. Dónde se habrá visto.

Bueno: así está la cosa. Porque frente a un Gobierno que hasta presume de mostrarse como un equipo de jinetes del Apocalipsis padecemos una oposición parlamentaria de izquierdas más o menos deplorable: el PSOE no está ni se le espera e Izquierda Unida combina, como hace lustros, un programa básicamente socialdemócrata con una teatralización insufrible de su radicalismo sentimental. Y fuera del ámbito institucional no encontrarás mayor consuelo o interés, en verso o prosa: una miríada de organizaciones, plataformas y entidades que carecen de un análisis coherente y verosímil de la compleja realidad política y económica de las sociedades contemporáneas y que o siguen hablando de la expropiación de los medios de producción, arriba pueblos de la tierra, en pie famélica legión, o se deslizan por un rosáceo relato neosesentayochista a favor de la paz, el bienestar y el amor a los lirios y a los subsidios. Estamos aviados por arriba, por abajo y alrededor.