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Corbatas rosa > María Montero

Me gustan las corbatas rosa. Y me gusta que los hombres vistan corbatas rosa. Me encanta ver un toque de color sutil en el vestuario masculino y lo que esto supone… Son ellos, masculinos y sensibles a la vez. ¿Alguna vez ha visto a un hombre llorar de verdad? Yo sí, y es algo que no se olvida. Hay hombres detrás de uniformes, detrás de ejércitos, de miradas políticas, de empresas, de familias, de sentimientos, de situaciones al límite… ¿Y qué hace un hombre cuando se siente al límite o cuando se emociona por algo hermoso? A veces lloran, y yo quiero estar ahí cuando lo hagan. Quiero contemplar las lágrimas de un hombre, quiero recoger ese momento y llevármelo conmigo, y abrazarlo de cuando en cuando, en mí, cuando nadie me vea. Y en otro día, cuando comparta momentos con estos hombres de corbatas rosa, lo recordaré. Aquel instante íntimo, cuando me mostraron que en unos ojos tibios de hombre también hay sensualidad. ¿Y qué haría si su primer amor de adolescencia tocara su puerta un día y llevara corbata rosa?, ¿o unos labios de mujer pintados de rosa sensual? Hay tantas variantes posibles a este acontecimiento que, si hiciéramos una encuesta, casi seguro que nadie respondería lo mismo. No es un tópico. Un amor verdadero nunca se olvida. Pero ¿y si nuestro primer amor adolescente lo viviésemos en edad adulta?¿Y si nos alcanzan los quinceañeros enamorados años después, o si conocemos a alguien un día que viste corbata rosa y te mira con una sonrisa dibujada de cielo en tonos de arcoíris, y te mira como nadie te ha mirado? A veces, todo empieza por irse a tomar un café…, o una copita de champaña, o por respirar una tarde de primavera dando un paseo con alguien. Un maravilloso día, cuando la vida decide trastocar todos nuestros planes, y agendas, y factores ambientales, y todo lo que haga falta, para crear esa chispa única. Entonces, también quiero estar ahí, con el hombre de la corbata rosa; para darle las gracias por existir, y por poder mirarme en el cielo de sus ojos, y verme reflejada en él, y en su forma única de mirarme. El hecho de que alguien te haga sentir especial es porque ese alguien también lo es. Y si además recuerda nuestros cambios de humor, nuestra película favorita, o el color de nuestra sonrisa o de nuestro dolor, también quiero llevarlo conmigo en mi primavera particular. ¿Y qué guarda usted en su primavera?¿Cuántos atardeceres diferentes entregados en unas manos estrenando un amor escondido? A veces, hay amores prohibidos. Siempre los ha habido. Los hombres de corbata rosa sufren en silencio al no estrechar a quien imaginan ensoñando más allá del tiempo y del espacio. Y cuando lo hacen, cuando toman en el mundo físico el contacto con quien dudan en llamar a deshora o en mundo cruzado por vidas trazadas por rumbos distintos, aunque al final encontrados, y al otro lado del teléfono hay una voz real, entonces su torre se tambalea en cuestión de instantes. Y eso, a veces, da miedo. Da miedo mover los cimientos de una vida entera cuando un amor adolescente y adulto abre nuestras ventanas e irrumpe sin preguntarnos si queremos arroparnos bajo el manto del Teide . Da miedo cruzar la línea de enamorarse en un tiempo real y compartir otra realidad. Pero si lo hacemos, si es real, merece el valor ser premiado por la vida. Y cuando la torre de alguien tan valiente se desinfla, y de repente comprobamos en la realidad que esos momentos son puros, que son los que marcan una vida entera, y el hombre de corbata rosa se atreve, y decide seguir la energía de la pasión, entonces también quiero estar ahí. En el fuego y en la lluvia. En los abrazos encontrados.