fauna urbana > Luis Alemany

Donde dijo digo ahora dice Diego > Luis Alemany

A nadie (ni siquiera a sus militantes: si son medianamente honestos) debería sorprenderle la peligrosa carencia de rigor ideológico del PPrepotente PPartido actualmente en el PPoder español, porque -al menos eso piensa uno- mal se puede rigorizar algo si se carece de ello, y la derecha española (la derecha -en general-, pero de manera especialmente enfática la española) ha carecido siempre de otra ideología que la insaciable avidez de incrementar el propio enriquecimiento, que no consiste -como algunos ingenuos puedan pensar- en procurar el equitativo empobrecimiento de los pobres, sino de apoderarse de una porción cada vez mayor de la golosa tarta de la riqueza mundial, para lo cual no queda más remedio (si Pitágoras no se equivocó: piensa uno que no) que mermar la escasa riqueza restante que nos corresponde a los demás.

No puede por menos de plantearse uno estas reflexiones, ante la declarada propuesta de Rajoy de iniciar un acercamiento, en benévola profundidad, a los presos de ETA, para tratar de llevar a cabo las negociaciones que pudieran acabar con la siniestra banda terrorista: la misma actitud (tal vez menos sumisa, mendicante y plañidera que ésta que ahora se propone) que planteó -¿con discutible valentía?- Rodríguez Zapatero, y ante la cual estos PPertinaces PPolíticos PPatrióticos respondieron entonces rasgándose escandalizadamente las vestiduras democráticas, porque no consideraban lícito negociar con asesinos; ante lo cual uno (con todas las reservas mentales que puedan establecerse) escribió entonces, a tal respecto -hay hemerotecas- que precisamente es con los asesinos con quienes hay que negociar (al vergonzoso precio que sea posible: ahí está Irlanda, que no quedó tan mal), porque las personas decentes se acogen a la democrárica legalidad vigente, y con éstas no son precisas sucias negociaciones.

Resulta desfachatadamente significativo este radical cambio de talante político de este orgulloso heredero altivo de Don Pelayo, Cisneros y Carrero Blanco, el cual no hace otra cosa -en última instancia- que asumir (con mayor servilismo, si cabe) una propuesta denostada anteayer: comenta un amigo -a este respecto- que se trata de una doble moral política, ante lo cual no puede uno por menos de discrepar, porque para duplicar la moral, se precisa poseer una previamente, y le parece claro a uno que no es el caso de este PPartido PPolítico.