ME PAGAN POR ESTO > Alfonso González Jerez

El caso del informe Repsol > Alfonso González Jerez

Decidí quedarme en Santa Cruz durante Semana Santa por un motivo central: prefiero ver llover en mi propia casa. La larga e interminable sequía había llevado a los más ingenuos a acariciar la idea de una Semana Santa soleada, cálida y ceñida por cielos azules, pero los que acumulamos ya cierta edad sabemos que siempre llovizna en Carnavales e invariablemente el cielo isleño se cubre de nubes plomizas en Semana Santa: solo el cielo es puntualmente católico. ¿Qué hace un detective privado encerrado en un apartamento en el sur mientras un ejército de teutones se asombra bajo un repentino chaparrón y jalean enfurecidos al diferencial entre el bono español y el alemán? Preferí, por lo tanto, guarecerme en Santa Pus, como la ha rebautizado un joven novelista, Ramallo creo que se llama, entre los baretos que sobreviven como fósiles al aburrimiento secular de la capital y las promisorias garbanzas de El Puntero. Lo único malo de las vacaciones durante esta crisis nueva y eterna es que ya nadie se marcha, y por lo tanto es inevitable encontrarse con los vecinos. Vecinos como el gordito sudoroso del tercero, una peonza grasienta a cuya lucidez no escapan las contradicciones del Universo, y que el lunes por la tarde, al tropezarse conmigo en el ascensor, sonrió achinando los ojos.
-¿Qué? ¿De vacaciones?

-Bueno… Me tomaré algunos días…

-Oiga, pero, ¿y usted no es ateo? ¿Y por qué los ateos, jejeje, por qué los ateos se cogen vacaciones en Semana Santa?
-Usted, sin duda, tiene creencias religiosas.

-Tiene usted una fe sólida e incuestionable y cumple escrupulosamente con los santos sacramentos.
-Hombre, escrupulosamente… La verdad es que no…

-¿Y por qué se toma usted todo el día festivo? Si su fe no es íntegra, pura e inapelable, quizás tenga derecho a dos horas de descanso por la mañana y media horita por la tarde… Pero a todo un Viernes Santo…
-Usted no cree en nada.

-Yo creo en el BOE.

Intenté mecerme en el sofá, pero fue inútil. Al cabo de diez minutos, cuando empezaba a dormitar, tocaron imperiosamente a la puerta. Después de retirar con cuidado una gigantesca legaña del ojo derecho descubrí a Paulino Rivero flanqueado por varios jóvenes con gafas de colores y melenitas que p

-¿Usted otra vez?

-Canarias le necesita.

-Ya. ¿Y a usted?
-Pasaré por alto sus impertinencias, porque valoro su eficacia. Además hace más de medio año paralizamos la constitución del Departamento de Inteligencia de la Policía Autonómica…

-Vaya. Restricciones presupuestarias, me imagino…

-Qué restricciones ni que niño muerto. Lo paralizamos porque Hernández Spínola nos la podía llenar de socialistas. Lo necesitamos.

Observé a los pibitos que acompañaban al presidente del Gobierno de Canarias.

-¿Ustedes? ¿Quiénes son estos?

Rivero sonrió, inocultablemente orgulloso.

-Son algunos miembros de la dirección de Greenpeace. Hemos formado un frente común contra las prospecciones petrolíferas en las costas canarias. A ver, chicos, móntenle una manifestación a este señor, que es un canario que necesita un fisquito de concienciación ecológica…

Los jóvenes comenzaron a disponerse, con una graciosa armonía digna de Maya Pliséstkaya, en un grupo de sonrisas graves del que brotaron instantáneamente varias pancartas. El más alto de todos se sacó un silbato en el bolsillo y empezaron a manifestarse en el hall de mi casa alrededor de una mesita de caoba:

-¡El petróleo no lo quie-ro / pues lo rechaza Ri-ve-ro!

-¡Fuera el petróleo y el fuel / pedalea con Berriel!

-¡El petróleo no es azul / que lo dijo Ríos Rull!

-¡El petróleo es lo pior / según Ricardo Melchior!
El presidente aplaudió entusiásticamente. Los chicos de Greenpeace saludaron con besitos volados y bajando la escalera se despidieron de Rivero tarareando una canción de Paloma San Basilio:
-Juntos / café para dos / un día es mucho más que un día… Juntos / amor para dos / amor en buena compañía…Si tú eres así / qué bueno que ahora estés junto a mí…
-Adiós, adiós, queridos jipis. Bueno. Iré al grano. Sabemos que Repsol tiene un informe muy, muy completo sobre los yacimientos de petróleo y gas situados al noreste de nuestro Archipiélago…

-¿Un informe previo a las catas? -pregunté, perplejo.

-Por supuesto -contestó Rivero, impaciente-. ¿Qué cree usted? ¿Qué se lanzan a hacer catas así, a la buena de Dios? El informe procede del Departamento de Videncias, Nigromancia y Magia Negra de Repsol. Lo necesitamos imperiosamente. Por supuesto, sus honorarios serán cumplimentados. Le hemos reservado 5.000 euros en la próxima edición de deuda pública canaria…
-¿Cómo dice? ¿Con quién cree usted que está hablando?

Rivero enarcó las cejas y murmuró:

-Bueno, bueno, no se caliente. Era a ver si colaba…

Esa misma tarde comencé con la rutina de las investigaciones. Por supuesto, nadie sabía nada. Asombrosamente una simple llamada telefónica a Repsol me confirmó la existencia de un Departamento de Videncias, Nigromancia y Magia Negra, pero la señorita colombiana que me atendió me aseguró que formaba parte de la obra social de la compañía y nada tenía que ver con la división industrial y comercial de la misma.

-Aaay, brodercito, no me copias, mailof, ni chócolo de petróleo, este es un proyecto bacano para fortalecer la multiculturalidad como fuente de prosperidad, cohesión social y entendimiento entre pueblos y civilizaciones…¿Catas? Nooo, mailof, atiéndeme un momentico, aquí no catamos nada…

Después de tres días inútiles, horas vacías cada vez más enervantes, tomé una decisión drástica: visitar a José Manuel Soria en su propio despacho del Ministerio de Industria y Energía. Simulé ser un importante accionista de Red Eléctrica casado en segundas nupcias con una antigua novia de Luis de Guindos que nunca soportó su aftershave y Soria me recibió sonriente en su despacho: retratos de Su Majestad el Rey, de Mariano Rajoy echado en una tumbona en Gran Canaria y de Paulino Rivero dentro de una diana militar. Y ahí, sobre la mesa, abierto con un descuido escandaloso, el informe ultrasecreto de la compañía. Exactamente dos folios a una cara. Nada más.

-¿Y cómo va lo del petróleo? -le pregunté a Soria en tono desenvuelto.
-Perfectamente. ¿Sabe una cosa? Siempre le dije a Luis que no se pusiera Old Spice. Pe
ro era una tradición familiar y Luis dio su palabra de que jamás se pasaría a otra marca. Y la palabra de Luis de Guindos es sagrada. Por eso sé que España saldrá adelante. ¿En qué lo puedo ayudar?
-Verá usted. Ejem. ¿Hay petróleo allá abajo o no lo hay?

-Por supuesto, amigo mío. No lo suficiente para exportar crudo, pero sí lo bastante como para hacer política. No lo bastante para vivir, pero lo suficiente para soñar sin barricadas. ¿Le parece poco?

Soria me dedicó con una briosa rúbrica el informe secreto de Repsol. Lo examiné ansiosamente en cuanto salí del despacho. Era un poema de Carlos Contramaestre:

“Yo viejo rescatador de tuberías muertas

hombre electrocutado en las profundidades

tengo todos los planos de las tuberías muertas

tengo todos los huesos de los ahogados

uso a mis hijos de carnada (mis buzos predilectos)

corro con la velocidad del relámpago

desmantelo todas las instalaciones de los muertos

me ilumino con el espectro del carburo…”

A ver cómo se le presento esto a Paulino Rivero. Él solo habla en prosa.