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El valor de las empresas cae un 50%

Imagen de archivo de la Bolsa de Madrid la pasada semana. / EFE

M. F. | Santa Cruz de Tenerife

Las diferentes derrumbes bursátiles desde enero de 2008 han devaluado el valor de las empresas españolas en bolsa un 50,72%. Si en el año 2007, el IBEX 35 se situaba en 14.364 puntos, la pasada semana el índice se colocaba justo en la mitad, 7.000 puntos, tras una jornada marcada por la volatilidad y la incertidumbre. Los datos de la bolsa española confirman así, las peores expectativas para los principales índices del IBEX. En tan solo cinco años, el valor del patrimonio inmobiliario y financiero del Estado español se ha destruído a la mitad.

Con este panorama, las empresas españolas tienen cada vez más posibilidades de recibir OPAS (oferta pública de adquisición). El valor de las principales empresas españolas, como Telefónica, Banco Santander o BBVA, han sufrido desde 2008 continúas caídas. A esto hay que unir, además, el desplome de Repsol YPF, que cayó la pasada semana un 14,6% lastrado por la expropiación de su filial argentina, y la caída del 5,25% de Iberdrola.

Uno de los mayores problemas de la bolsa española es recuperar la credibilidad. El dinero de los inversores no termina de asentarse y las empresas españolas continúan en caída libre. Esta devaluación se produce en un entorno de crisis y dentro de una organización, la bolsa de valores, de carácter privado que brinda las facilidades necesarias para que sus miembros, atendiendo los mandatos de sus clientes, introduzcan órdenes y realicen negociaciones de compra y venta de valores, tales como acciones de sociedades o compañías anónimas, bonos públicos y privados, certificados, títulos de participación y una amplia variedad de instrumentos de inversión.

Los precios de los valores negociados en la bolsa están fijados en tiempo real, con mecanismos de actuación que garantizan la seguridad y transparencia del sistema.

A grandes rasgos, la institución bolsa de valores intenta satisfacer tres grandes intereses: el de la empresa, porque al colocar sus acciones en el mercado y ser adquiridas por el público, obtiene de ésta el financiamiento necesario para cumplir sus fines y generar riqueza; el de los ahorristas, porque se convierten en inversionistas y en la medida de su participación pueden obtener beneficios por la vía de los dividendos que le reportan sus acciones; y el del Estado porque, también en la bolsa, dispone de un medio para financiarse y hacer frente al gasto público, así como adelantar nuevas obras y programas de alcance social.

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1929 versus 2008

El ‘crack’ del 29. El llamado Jueves Negro tuvo lugar el 24 de octubre de 1929, día en el que dio comienzo la caída en la bolsa de Nueva York y con ella el crack del 29 y la gran depresión. Ese día, los valores bursátiles se devaluaron. Los especuladores se arruinaron y los bancos quebraron. El detonante principal fue la caída de los precios agrícolas del comercio internacional y las restricciones del crédito. Tras el crack bursátil de 1929 sobrevino una crisis financiera de consecuencias devastadoras. La crisis explotó en mayo de 1931 con la quiebra del gigante austriaco Creditanstalt, y los efectos se prolongaron hasta 1939 y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

La burbuja inmobiliaria. La crisis financiera de 2008 se desató debido al colapso de la burbuja inmobiliaria en EE.UU. en el año 2006, contagiándose al sistema financiero internacional. A partir de ahí, las economías del mundo se ven afectadas por la carencia de crédito.

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