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Firme participación vecinal en un barrio que lucha contra el paro

El barrio, que pertenece a Los Realejos, alberga a un gran número de residentes que trabajan en los municipios colindantes. / MOISÉS PÉREZ

LUIS F. FEBLES | Los Realejos

Como si de un balcón al mar se tratase, el barrio de La Montaña, otrora paisaje de plataneras y otros campos de cultivo, se erige en el suntuoso Valle como la linde entre La Orotava y Los Realejos. Custodiado por la montaña de El Fraile, un cono volcánico catalogado como espacio natural protegido, presume de tener una de las puestas de sol más extraordinarias de la zona Norte de la Isla.

Sus habitantes, de carácter alegre y perfil solidario, han dedicado gran parte de su vida a la agricultura, y en su mayoría, al sector servicios en Puerto de la Cruz. A partir de los años 90, la economía local tuvo su base en el fenómeno de la construcción, que a la postre sería el culpable del alto índice de desempleo de hoy.

Manuel González Mesa, vecino del barrio y actual presidente del Club de Mayores y Pensionistas Virgen del Pilar, conoce a la perfección la historia y los acontecimientos relevantes ocurridos en el lugar. Sus orígenes se remontan al siglo XIX, con la presencia de los grandes terratenientes que contrataban a los vecinos de la zona como medianeros y para el servicio doméstico. Pero, realmente, el barrio empieza a configurarse como tal a principios del siglo XX. “En el casino, en el año 1937, aproximadamente, estaba diseñado el proyecto del arrabal”, explica González Mesa. En los años 20 se construyeron las principales calles, las de San Cayetano y 25 de Julio, que irían dando forma al diseño urbanístico del núcleo. Poco a poco, con la ayuda de Ayuntamiento y de los vecinos, se irían adecentando y colocando la pavimentación de las calles. “Recuerdo cuando todos los vecinos empezamos, con nuestras manos, a construir parte del equipamiento que hoy en día posee este territorio”, narra el presidente.

Los decenios de los 60 y 70 supusieron una etapa fundamental para su crecimiento y desarrollo económico. El boom del turismo en Puerto de la Cruz y la construcción de viviendas durante esos años marcarían el devenir del barrio. Un gran porcentaje de vecinos trabajó en hoteles y restaurantes de esa ciudad. A esto hay que sumar el potente fenómeno de la construcción. Las barriadas de San Cayetano, en 1963, y posteriormente las de Princesa Dácil y Achamán, irían completando el diseño urbanístico del populoso núcleo. Otro aspecto importante para entender la expresión física del barrio es la autoconstrucción, un proceso que en las calles 25 de Julio y San Cayetano tuvo su máximo exponente.

Un rincón inexorablemente ligado al barrio es El Monasterio, a día de hoy un popular mesón, y que a finales del siglo XVIII fue la hacienda de fray Antonio el Gomero, que construyó en la finca una ermita para la virgen de Candelaria. Después de su muerte, la hacienda pasó a manos de Luis Rodríguez, vecino de Puerto de la Cruz. Fueron muchos los burgueses que irían morando el inmueble. Carmen Fernández de Chávez, José González Romero o la familia Sotomayor fueron algunos de esos ilustres nombres, según recogen las crónicas del historiador y alcalde portuense José Agustín Álvarez Rixo (1796-1883). El paro apretó con fuerza a los vecinos de un lugar que intenta salir adelante luchando contra el fuerte lastre de la falta de oportunidades. Para Mesa, “muchos jóvenes se refugian en el trapicheo de droga para intentar salir de la crisis, aunque sí es cierto que la situación no es la de años anteriores. Ahora no existe inseguridad”.

El gran quebradero de cabeza es el paro; hay que adaptarse a la coyuntura que tenemos”, destaca. El efecto del desarrollo urbanístico en esta zona de Los Realejos, convertida para muchos vecinos en un barrio dormitorio, por la cantidad de residentes que trabajan en La Orotava, Puerto de la Cruz y Los Realejos, debido en gran parte a su asequible coste, tiene algunos efectos negativos.

Para González, el problema del tráfico se contempla como clave. “Llevamos años pidiendo una rotonda que se disponga frente a El Monasterio, ya que se congestiona el tráfico y hay problemas para circular con normalidad. Es algo importante porque los aparcamientos que están por fuera de Hipertrebol impiden maniobrar a la izquierda; con eso se le darían salida a los vehículos que vienen de La Luz y Los Afligidos con sentido hacia La Montaña”, glosa.

Además, la tranquilidad de los viandantes por las calles del barrio sigue siendo un aspecto prioritario. Manuel González Mesa solicitó al Cabildo en 2007 la ubicación de nuevos pasos de peatones en diferentes zonas con más incidencia, en las que los vecinos se ven obligados a atravesar la calzada para hacer sus gestiones diarias. Junto a esto, se insta a que eleven tanto los ya existentes como los nuevos, de forma que sean más visibles. “A día de hoy, no hemos recibido ninguna notificación y ha pasado ya mucho tiempo. Hemos tenido accidentes en la zona y es una cuestión de necesidad”, sostiene el líder vecinal.

Los vecinos coinciden en señalar que hace falta un parque donde los niños puedan jugar. Lo más cerca que estuvo de esa demanda fue el parque infantil que se colocó en la parte alta del actual edificio de Hipertrebol, lugar que en 2008 iba destinado a esa ubicación y no a la construcción del centro comercial que decidió el gobierno nacionalista de Oswaldo Amaro, el anterior alcalde. “Esta zona de recreo estuvo abierta apenas un año, y se tuvo que cerrar porque el arrendatario del quiosco no se podía hacer cargo de la gestión del parque”, apostilla. El barrio no se rinde.

Manuel González Mesa, con la imagen de la virgen del Pilar de fondo, que custodia la asociación. / MOISÉS PÉREZ

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Una vida dedicada a mejorar lo que los políticos no consiguieron hacer

La importancia de un barrio es directamente proporcional a la fuerza y al apoyo de los vecinos, que, con su esfuerzo y altruista dedicación, construyen la fisonomía de su lugar de residencia, incluso pese a las escasas ayudas de las administraciones públicas. Manuel González Mesa, sempiterno vecino, carpintero jubilado, exconcejal de Los Realejos con el PSOE y actual presidente del Club de Mayores y Pensionistas Virgen del Pilar, conoce los cambios de un barrio construido por sus habitantes.

Un ejemplo de esa participación es la construcción de la acera y el vallado que bordea la plaza o la calle de San Cayetano, y la colocación de las losetas, entre otras cosas. Además, solicitaron al antiguo presidente del Gobierno de Canarias Jerónimo Saavedra una subvención para el local de la asociación; hoy, una realidad. Mesa no se olvida de las grandes personas y vecinos del barrio, que con su esfuerzo contribuyeron a la realidad del barrio, como Faustino el Choricero o Gregorio el Velero, “un hombre querido por todos”.

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