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Gárgaras > Francisco Pomares

Pasadas las elecciones andaluzas, agotadas las laringes con tanta palabra vana, el Gobierno ha hecho gárgaras y se ha aclarado la voz: de pronto suena como era de esperar. Antes nos hablaba con un tono como más paternal, más afectuoso, más próximo. Ahora el lenguaje es más contundente, y el discurso más preciso: ya se habla de copago sin que nadie salga desde una esquinita a decir que no hay de qué preocuparse, que sólo son cosas del ministro, reflexiones personales que ofrece al común. Ya no ocultan -no pueden, porque han presentado un proyecto de presupuestos- que los mayores recortes van a ser para sanidad, para educación y para servicios sociales. Y que los ministerios que menos recortes tienen son el de Defensa (por si el moro se pone díscolo y toca montarse otra perejilada), y el de Interior. Porque la seguridad es muy importante. Para los ciudadanos y también para los que viven de ella. Que deben estar muy contentos al enterarse de que se va a privatizar la vigilancia a los reos en las prisiones, para que la Guardia Civil pueda dedicarse a otras tareas. Va a resultar que para contratar seguridad privada sí hay dinero. Curiosas prioridades las de esta Administración.

En fin, que han afilado el discurso, y ya tiene tanta punta que es mejor no acercarse mucho, no vaya a pincharnos. El Gobierno de Canarias parece muy preocupado con el ninguneo específico para las Islas. Pero yo no logro encontrar esas grandes diferencias. Me preocupa que desaparezcan las bonificaciones al transporte, y las subvenciones eléctricas, y las ayudas a la agricultura, pero lo que más me preocupa es que aprovechen la crisis para cargarse de una vez y para siempre el sistema español de seguridad social, la asistencia sanitaria universal y gratuita y la enseñanza pública, y que esa implacable estructura de redistribución de riqueza desde los más favorecidos a los que menos tienen que son la sanidad y la educación, que tardamos más de medio siglo en cimentar, sea volado en las urgencias de la crisis en un par de años. Porque al final, la crisis pasará. Como pasan todas. Tardará más que otras, será más profunda, cambiará más cosas, pero pasará. Seguro. Y el paisaje que deje a su paso, si dejamos que la política se pliegue al todo vale, al nuevo lenguaje, acabará recordando al de los campos tras el paso del caballo de Atila. Ellos ya se han aclarado la voz. Que no lo manden todo a hacer gárgaras ahora.