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Hermanos en el ring

INMA MARTOS | Santa Cruz de Tenerife

La psicóloga Brenda Volling de la Universidad de Michigan afirma que “enseñar a nuestros hijos a expresar sus sentimientos, a transigir y a divertirse con sus hermanos es un regalo para toda la vida”. Más allá, algunos expertos en la materia aseguran que las peleas entre hermanos afectan a la autoestima y a la autonomía e influyen en la manera en que de adultos lidiarán con sus problemas.

Es común que los hermanos se peleen. A partir de los tres o cuatro años, suelen aparecer rivalidades que pueden durar hasta después de la adolescencia. Los motivos pueden ser desde los más insignificantes hasta otros de mayor trascendencia y que empiezan a surgir pasados los ocho o diez años. Muchos padres no saben en qué forma o medida intervenir en las lidias domésticas y una casa tranquila se puede convertir en un ring de boxeo.

La observación de los padres es fundamental para conocer el origen de los conflictos. No obstante, en la mayoría de los casos los padres se ocupan de intentar resolverlos cuando ya se han desencadenado. De nuevo, el respeto por los sentimientos y la comunicación, como en otras facetas de la educación de los niños, juegan un papel fundamental para atajar y prevenir estas situaciones. Claro que no es fácil inculcar el cariño y la importancia de valores como compartir y cooperar con los demás cuando hay que lidiar también con sentimientos como los celos, la ira y la agresividad. Pero existen algunos consejos prácticos que los expertos recomiendan para atenuar las peleas.

Elogiar los comportamientos positivos hacia sus hermanos como prestarles los juguetes o darles muestras de cariño son las prácticas más habituales basadas en el pensamiento conductista: los elogios son la recompensa a que se haga lo correcto. Resolver la situación que ha llevado al conflicto hablando es eficaz aunque se debe hacer una vez han pasado los momentos de ira y enfado, ya que si no, no podrán procesar la información y tampoco podrán explicar sus puntos de vista y entender los del otro.

Cuando los niños son muy pequeños, los padres pueden intervenir a modo de mediadores pero lo ideal es no juzgar ni ponerse del lado de ninguno; si no que lleguen ellos mismos a las conclusiones. Por último, que ellos mismos establezcan reglas para la convivencia ayuda a reducir las peleas.

Si se tienen en cuenta los sentimientos de cada uno y se intenta trasladarles comprensión hacia sus puntos de vista se puede ayudar a que ellos mismos desarrollen empatía por los de los hermanos; una cualidad que les servirá en todas las relaciones a lo largo de su vida.