el burro de belfast>

La madre de (l) Cordero> Karl McLaughlin

Here we go again -expresión inglesa que viene a decir más de lo mismo- es el mejor resumen de la sensación que experimenté ayer al ver al nuevo Tenerife en su primer partido después del cambio de entrenador. Y van unos cuantos cambios en el último año y medio. Calcular el número de buenas obras sociales que se podrían hacer con la fortuna que ha desembolsado este club para empezar de nuevo cada pocos meses (hay que sumar otros 90.000 euros, esta vez para Amaral) me produce ronchas, sobre todo cuando escucho las quejas de su presidente ante los probables recortes en el dinero que le debe el Gobierno canario, es decir, nuestros impuestos.
No sé si Miguel Concepción pretende emular a Román Abramovich, el magnate ruso del Chelsea que desayuna entrenadores como churros, pero está haciendo un flaco favor a la historia del representativo con sus constantes equivocaciones. Y no nos engañemos: son suyas y de nadie más. A lo mejor aspira a ser científico con su filosofía de ensayo y error, o la investigación basada en experimentos prácticos. Pero si la cosa va de sabios, y rectificar es de ellos, Concepción debería rectificar cuanto antes y dar un paso a un lado para que otros, con más conocimientos del mundo del fútbol, intenten enderezar el rumbo peligroso que ha tomado este Club Deportivo Tenerife.
Tomando prestada la célebre recriminación espetada por Eugeni D’Ors, le recuerdo que los experimentos con gaseosa, no con el dinero público y del público. Ya está bien de ser el hazmerreír del fútbol español últimamente, regalando sueldos a técnicos porque no se les deja hacer el trabajo para el que fueron contratados. Piensa mal y acertarás, según reza el dicho popular. No quiero pensar mal y creer que lo hace a propósito, así que prefiero cambiar el dicho a piensa -aunque sea un poquito, señor Concepción- y acertarás. No es tan difícil dar con el quid de la cuestión, al menos esta temporada. Por un momento iba a decir con la madre del Cordero, pero ella no tiene la culpa. Aun así, a más de uno le gustaría recriminarle cierto alumbramiento.