tribunales > muerte violenta de dos niños en vistabella (2011)

La parricida intentaba matar a su hija desde que tenía dos años

A la izquierda, el informe que da la voz de alarma; a la derecha, el seguimiento de la Dirección General. / DA

TINERFE FUMERO | Santa Cruz de Tenerife

La parricida confesa de Vistabella, Sonia A.P.B., intentaba matar a su hija y alertaba sobre ello desde que la pequeña Tindaya tenía apenas dos años. Así lo certifica un informe elaborado por especialistas de La Candelaria que anticipa hoy en exclusiva DIARIO DE AVISOS y en el que se alerta acerca de los “gestos de muerte sobre su hija que no llega a llevar a término”. Se da la circunstancia de que la Dirección General del Menor del Gobierno de Canarias tenía conocimiento de dicho informe, tal y como se desprende de la documentación relativa a la custodia de la niña, que fue otorgada a los abuelos durante un tiempo.

Como recordarán los lectores, Sonia está acusada del asesinato de Tindaya y del de su hijo pequeño, Joseba. Ambos cadáveres fueron hallados en la casa familiar de Vistabella en diciembre pasado.

El padre del niño, Ponce el Curandero, está imputado como inductor y cooperador necesario de tan terribles crímenes.

Una voz

En el referido informe, expedido por el Servicio de Psiquiatría del citado hospital de referencia, se explica que Sonia pasó al menos en tres ocasiones por la Unidad de Internamiento Breve de La Candelaria a raíz de que en febrero de 2003 presentara “un cuadro depresivo con alucinaciones auditivas”.

Los especialistas van más allá en el diagnóstico y destacan que la mujer, entonces de 32 años, “oye voces que le incitan a dar muerte a su hija y al suicidio”. Incluso se especifica que intenta quitarse la vida al menos en tres ocasiones: dos por ahorcamiento y la tercera por ingesta masiva de medicamentos.

Tras volver a ser ingresada entre mayo y junio de dicho año, en el que se le diagnostica “episodio depresivo grave con síntomas psicóticos”, retorna al hospital entre octubre y noviembre por un “trastorno ansio-depresivo e intoxicación aguda por sedantes o hipnóticos”. [Apuntar que fue en este tercer ingreso cuando conoce al también enfermo Ponce, con el que acaba casándose y teniendo al pequeño Joseba, con el lamentable final conocido].

Por último, el informe de La Candelaria, fechado el 20 de enero de 2004, detalla que Sonia, tras recibir el alta “hace referencia en varias ocasiones a su muerte voluntaria y a la de su hija de 2 años, que parecen peticiones de ayuda o llamadas de atención”. Lo más grave es que el párrafo termina destacando que la paciente inicia “finalmente gestos autolíticos y de muerte sobre su hija que no llega a llevar a término”.

En la fecha de realización del informe, Sonia vive con sus padres y la pequeña Tindaya bajo el mismo techo, en una vivienda de Tomé Cano. Eso sí, el informe de La Candelaria no pasa por alto tal circunstancia y marca como pauta de conducta que “cuando la hija [Tindaya] quede a sus cuidados [los de Sonia] sus conductas deben ser supervisadas por sus padres [los abuelos]”.

Sin embargo, el informe también destaca que cuando Sonia ingresa muestra un carácter muy distinto que rápidamente torna a “eutímica [humor normal] e hiperadaptada” a la Unidad de Internamiento. Tras un permiso, incluso muestra conciencia de enferma, “adhesión al tratamiento y crítica hacia sus gestos autolíticos [suicidas] y de muerte sobre su hija”.

Es en este panorama en el que se enmarca el documento de la Dirección General del Menor del Gobierno de Canarias, en el que se hace referencia al informe psiquiátrico de La Candelaria sobre Sonia. Fechado el 12 de abril de 2005, se decide archivar la solicitud de acogida de los abuelos dado que “la evolución desde el momento en que se presentó la solicitud hasta ahora ha sido positiva”.

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Una psicóloga aseguró en 2006 que la de Sonia era “una personalidad estable”

Una psicóloga perteneciente al Colegio de Santa Cruz de Tenerife advirtió en Sonia, la parricida confesa de los niños hallados muertos el martes 13 de diciembre de 2011 en su vivienda capitalina de Vistabella, una “personalidad estable y libre de patologías”.

Este diagnóstico se efectuó en 2006, es decir, tres años después de que la mujer fuera ingresada en tres ocasiones en el Área Psiquiátrica del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria (Hunsc) y cinco antes de que, tal y como reconoció ante los policías nacionales, acabara con la vida de sus dos pequeños: Tindaya, de 10 años de edad, y Joseba, de apenas cinco.

Por estos hechos, Sonia está imputada por asesinato y su marido, conocido como Ponce el Curandero, y padre del más pequeño, lo está por inducción y cooperación necesaria en ambos crímenes.

En cuanto al informe de la psicóloga, es en su apartado de conclusiones donde se manifiestan los referidos diagnósticos, además de aclarar que “no encontrándose [a Sonia] ni síndromes ni trastornos de personalidad”.

Eso sí, la especialista detecta que “en estos momentos se encuentra insegura y preocupada por la situación actual de estar pendiente del divorcio y la dificultad que presenta Tindaya para realizar las visitas establecidas con su padre”.

A este respecto, cabe recordar que, precisamente, fue la animadversión de Sonia hacia el padre de Tindaya una de las múltiples excusas que ha puesto al ser interrogada por lo horripilante de sus crímenes. Sin embargo, las investigaciones policiales y forenses han despejado cualquier sombra de duda sobre la figura paterna dado que no se han apreciado ni un vestigio de los abusos que la madre aseguraba que Tindaya sufría.

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