La sequía que nos azota > Antonio Hernández Marrero

Por si fuera poco castigo el tener, junto con Andalucía, la mayor tasa de paro de España; un cada vez más numeroso grupo de personas que pasan hambre, que hacen cola en los comedores sociales para recibir un plato de comida o que acuden sobre la una del día a los contenedores de la basura para comer productos caducados o deteriorados; de tener que soportar a una clase política que nos desgobierna, preocupada de conservar sus sillones y sus suculentos sueldos, menos que resolver nuestros problemas, se nos une este año una de las mayores sequías que hemos sufrido en las últimas décadas.

La prensa escrita nos ha permitido ver el estado en que se encuentran las balsas de Tenerife, prácticamente vacías. Los políticos competentes, mejor dicho incompetentes, se muestran a los medios de comunicación sacando a flote sus vergüenzas y contándonos milongas que sólo ellos se creen. ¿Qué ha hecho el Cabildo Insular de Tenerife para poner remedio a tal problema? La única corporación pública, de la que tengamos conocimiento, que ha sido previsora y que lleva cierto tiempo almacenando agua en la balsa de Chifira o Archifira, es el Ayuntamiento de Fasnia, regido por un hombre de pueblo, con sentido común y conocimiento de causa.

El agua en Canarias, donde no existen ríos, se ha obtenido a través de los tiempos perforando la tierra a través de galerías y posteriormente de pozos y en donde han dejado la vida muchas personas. Dicha tarea llevada a cabo en su gran medida por hombres de campo, con gran inteligencia y sabiduría popular, promovieron primero la perforación de galerías, no siempre con resultado positivo. Algunas dieron y siguen teniendo agua, con gran y progresivo descenso en sus caudales, y otras hubo que abandonarlas ante la ausencia de tal preciado elemento. Los organismos oficiales, sobre todo los creados a partir del estado de las autonomías han vuelto la cara y ya desde el inicio fue la iniciativa privada, los modestos ahorradores y pequeños agricultores, los que mediante la suscripción de participaciones aportaron los dineros para que se alumbrara el agua tan necesaria para nuestra tierra y para nuestra subsistencia. El agua no afloró por arte de magia, como creen algunos y que encima pretenden que ésta sea pública. ¡Qué fácil es pedir ser beneficiario del bien obtenido con el sudor y el esfuerzo de otros!

La Ley 27 de diciembre de 1.956, de la Jefatura del Estado, recoge en su preámbulo que “desde tiempos muy remotos, desde que el archipiélago canario se incorporó a la Corona de Castilla han venido actuando con vida fecunda y próspera las entidades llamadas Heredades o Heredamientos de aguas, a cuya persistente y eficaz labor se deben en buena parte el progreso de la agricultura, un mejor sistema de riegos y la ampliación de zonas utilizables para cultivos especiales remuneradores en aquellas fértiles tierras”. Mediante dicha Ley se vino a reconocer personalidad jurídica a aquellas agrupaciones de propietarios de aguas privadas que con los nombres de Heredades, Heredamientos de aguas, Dulas, Acequias, Comunidades u otros semejantes venían constituídas en el archipiélago canario.

En la época de la dictadura se construyen canales, con la aportación de capital privado y con los auxilios del estado, para transportar el excedente de agua que se producía en unos municipios hasta otros que no la tenían. Entre estas obras cabe destacar el denominado Canal del Sur, declarado obra de interés nacional, y que llegó con el agua hasta Granadilla en los años de 1950. Este Canal, junto con la Autopista del Sur, obra del gran tinerfeño y presidente del Cabildo don José Miguel Galván Bello, contribuyeron al lanzamiento de una zona rica en recursos naturales, pero escasa en aguas y comunicaciones.

Después de este tortuoso camino, descrito de manera muy sucinta, llegamos a los tiempos más recientes en que surge la burbuja inmobiliaria y el boom del turismo y que trae consigno el abandono de las tierras, porque el tinerfeño busca un horizonte más próspero y los ingresos que la agricultura no le proporciona, porque ésta requiere de un gran sacrificio y porque lo que es peor los organismo oficiales no la protegen. Las galerías van disminuyendo sus caudales, la burocracia para realizar cualquier tipo de actuación es cada vez mayor. Son los técnicos y no los políticos los que marcan los tiempos. Los que administran las Comunidades, en gran parte personas de mayor de edad, porque a los jóvenes esto no les interesa, se van cansando de no encontrar soluciones a los problemas que se van planteando. Se dejan de hacer obras de perforación en las galerías, para obtener un mayor caudal donde éste es posible, porque los costes de personal (mano de obra y seguridad social) son muy elevados, a los que se une el aumento de los explosivos. Por otro lado los Ayuntamientos no son capaces de gestionar el servicio público de abastecimiento de aguas y lo van poniendo en manos, mediante concesiones, de empresas a las que sólo les guía el ánimo de lucro y a las que poco les importa el trabajo y esfuerzo de nuestra gente. Se llega mediante esta situación al monopolio del sector del agua y son estas empresas las que aprovechándose de ello fijan los precios que a ellos les conviene, rebajando el mismo de cuatro a cinco pesetas por pipa que no repercuten en el beneficio del usuario, como sería justo, sino en engrosar su cuenta de resultados. Al partícipe, en gran mayoría personas con mucho amor por esta tierra y que en su día invirtieron sus ahorros en conseguir que el agua regara nuestras tierras, ya no le es rentable el poseer participaciones, ya que ello trae consigno el pago de una cuota a su Comunidad para los gastos de administración y obras, aparte de que para transportar el agua necesitan pagar un canon de pase por la utilización del Canal. Son muchas las galerías que por este motivo se van abandonando. Las Comunidades tienen unos gastos fijos, con independencia del caudal de agua que tengan ya que es necesario mantener las galerías y demás instalaciones (casetas, tanquillas, atarjeas, canales, etc.) en buen estado para que el agua no se pierda; se necesita el personal que las administre y que se encargue de la distribución del agua.

Con este oscuro panorama que tenemos en la actualidad, nos llega una cruel realidad: una sequía como no se recuerda en muchos años. Se ha desinflado la burbuja inmobiliaria y el hombre necesita comer y dar de comer a su familia y por ello algunos, una vez agotados sus recursos y el desempleo, retornan otra vez a la tierra, que es la que nos alimenta. Siembran sus papas y hortalizas, crían su ganado, pero en la actualidad, después de realizado el gasto, no hay agua para regar y ello debido, en gran parte, a que con la aparición de las desaladoras, que no decimos que no hayan sido necesarias y que nos hayan resuelto parte del problema, se ha rechazado el agua de algunas galerías y sobre todo la de pozos hasta llegar a su total paralización, que hoy requerirán un gran desembolso económico para su nueva puesta en funcionamiento.

La energía es cada vez más cara y necesaria para elevar el agua. La gente pide, implora, unas horas de agua para no dejar perder su cosecha y no la consiguen. ¿Qué dice a ello nuestra clase política?. ¿Qué soluciones tienen previstas?.