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Las eurogallinas > Wladimiro Rodríguez Brito

La Unión Europea ha promulgado una serie de leyes de protección ambiental dirigidas principalmente hacia la fauna y la flora con las que ha discriminado a las personas, quedando aún peor la situación para terrenos insulares pequeños y frágiles como el caso de Canarias.

Esto crea numerosas contradicciones, tanto en el plano ambiental como en el social, ya que hay que tener en cuenta diferentes variables. En Canarias vivimos en la actualidad más de dos millones de personas y en 100 años la población se ha multiplicado por cuatro: hemos pasado de unas 453.000 personas en 1910 a 2.118.000 individuos en 2010. No queremos comentar las condiciones de vida de la población a comienzos del siglo XX y las que tenemos hoy, en demanda de agua, servicios, y la frase que pronunciamos a diario sobre el autoabastecimiento.

Es en este plano en el que citamos el título de este artículo, las eurogallinas. Hasta hace poco, teníamos en las Islas 64 granjas de gallinas con unos dos millones de aves que nos daban unos 40 millones de docenas de huevos para el autoabastecimiento.
Sin embargo, la Ley de Bienestar Animal de la UE hace que nuestras granjas tengan que reducir en más del 20% el número de aves, al pedir una mayor superficie en las instalaciones para las gallinas, planteando que éstas tienen derecho a un espacio más holgado e incluso a un ponedero en la intimidad.

Es más, en Alemania se está aplicando una ley que pide dos metros cuadrados para cada gallina, o lo que es lo mismo, los dos millones que teníamos en Canarias necesitarían ocho millones de metros cuadrados, es decir, más de 400 hectáreas.

Así, teniendo en cuenta que en Canarias más de la mitad del territorio está protegido, que las granjas han de estar alejadas unas de otras, el marco de protección de suelo rústico y una población dispersa, hace que nuestros granjeros lo tengan muy difícil para conseguir dónde poner las granjas. De hecho, la protección ha llegado al punto de que se han sacrificado gallos -dejando a las gallinas viudas- para mantener el silencio de las madrugadas canarias.

Por ello, querido lector, lo que planteamos es que las leyes han de hacerse de acuerdo con las necesidades y posibilidades de los pueblos en las que se aplica.

Si no producimos huevos en la Comunidad Autónoma de Canarias, habrá que importarlos y, en consecuencia, no nos alimentaremos con huevos frescos y lo haremos a un precio más caro puesto que hay que pagar los costes de transporte, embalaje y demás.

En ese sentido, hay que señalar que el precio de los huevos ha aumentado el 34% en el último año, dato que debe llevarnos a la reflexión, por no hablar de los puestos de trabajo -tan escasos en la actualidad- vinculados no sólo de los huevos, sino al resto de productos que da nuestra tierra y que servirían para el autoabastecimiento.

Estas líneas no sólo son de apoyo a los granjeros, que tienen que poner como mínimo 15 euros de inversión por cada gallina en las granjas sin haber cobrado el Posei de 2010 y con el señor Rajoy diciendo que no hay dinero para 2011, sino que también queremos preguntarle al Gobierno de Canarias el significado del autoabastecimiento y qué previsión tiene para apoyar y potenciar que en estas Islas no dependamos en más del 90% de lo que nos alimentamos de las bodegas de los barcos y aviones que llegan de fuera.

Las leyes tienen que adaptarse al territorio al que se va aplicar y no es lo mismo Alemania que Canarias, aunque a efectos de la Unión Europea seamos territorios similares a la hora de que las eurogallinas pongan huevos.

*Profesor de Geografía en la Universidad de La Laguna