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Lloriqueos > Alfonso González Jerez

Anteayer, los diputados del PP en el Parlamento de Canarias, ellos y ellas como un solo hombre, le exigieron al Gobierno autonómico que dejase de lloriquear por los recortes presupuestarios y que se pusiera a hacer reformas. Los dos sintagmas son muy interesantes. Lo de lloriquear: qué hallazgo. Ese tipo de advertencias parece lanzada desde un ambiente de puros humeantes, barrigas peludas y coñac Fundador. Lloriquear es no admitir como un macho los dolores que alumbran la nueva España. En las películas bélicas -es un momento recurrente- suele aparecer un soldado sacrificado o un brillante oficial al que se le debe amputar la pierna sin anestesia. Y se lo deja hacer -con una lata de galletas s es preciso- sin soltar una lágrima, los párpados apretados y rechinando los dientes. “Muy bien, muchacho”, le felicita antes de desmayarse John Wayne o Tyron Power. “Estoy orgulloso de ti”. Con este Gobierno, en cambio, no hay manera de sentirse orgulloso. Y todo porque a la Comunidad autonómica se le amputarán más de 800 millones de euros en los presupuestos generales del Estado. Hay gente que no está dispuesta a soportar nada, ni siquiera la pauperización brutal y la implosión de los servicios sociales y asistenciales, en el grandilocuente silencio de los héroes.

¿Y las reformas? Es más complejo de comprender. Si se entienden las reformas desde un punto de vista marianesco parece una incitación directa al canaricidio. Porque lo que entiende el Ejecutivo de Mariano Rajoy como reformas económicas, presupuestarias y administrativas no es otra cosa que un conjunto de inspiradas improvisaciones con el objetivo de castigar la inversión pública, perseguir el gasto y degradar los entecos servicios sociales hasta reducirlos a una caridad institucionalizada. Al parecer el Gobierno de Canarias debería aportar fórmulas creativas para intensificar esta estrategia político-económica en el Archipiélago. Si no lo hace mal, muy mal. Pero si lo hiciera ya estaría ahí la oposición parlamentaria del PP para denunciar que podría hacerse mejor, es decir, peor, o quizás viceversa.

Veinticuatro horas después de la varonil protesta de los diputados del Partido Popular la ministra de Sanidad, Ana Mato, anunció la implantación del copago sanitario. Que se sepa en el proyecto de presupuestos generales nada daba a entender esta iniciativa, negada por Rajoy y por importantes jerarcas del PP no en la campaña electoral de 2011, sino hasta el mes pasado mismo. Los jubilados empezarán a abonar parte del costo de las medicinas. Ahora relativamente poco: un 10%. Más adelante, se verá. Vaya que si se verá. Espero que nadie se ponga a llorar por esto. Ni los viejos. Llorar es una forma de resistencia pasiva y en la trena las medicinas salen más caras aún.