ENTRE RISAS >

Luis Alemany: “Son doce mil euros menos”

Caricatura de Luis Alemany Colomé, Premio Canarias de Literatura 2012. | SUJA

DOMINGO NEGRÍN MORENO | Santa Cruz

Con El indulto ganó el ‘Jauja de cuentos’, cuando contaba 19 años de edad. Ahora, el poder ha indultado al escritor Luis Alemany Colomé al concederle el Premio Canarias de Literatura. En esta ocasión es el reconocimiento a su “trayectoria vital”, como él mismo se encarga de resaltar a cada oportunidad que se le presenta. No sin pudor, el articulista confiesa que la dotación económica del galardón incentiva su creatividad.

-¿Llevabas mucho tiempo esperando este reconocimiento?

“Nunca se espera y siempre se está esperando”.

-¿Siempre?

“A partir de un cierto momento”.

-¿Llega en un buen momento?

“Llega un poquito tarde en el sentido de que han quitado doce mil euros de la dotación”.

-¿Cuánto es ahora?

“Doce mil euros menos que antes”.

¿Cuánto era antes?

[Risas] “Doce mil euros más”.

-Pero, ¿cuánto es en total?

“Doce mil euros menos que antes”.

-He perdido la cuenta…

“Es público, está en el Boletín Oficial de Canarias. Eran treinta mil”.

-Un incentivo bueno, ¿no?

“Sí…”

-¿El dinero es importante?

“El dinero es imprescindible, ¿no? Pero el reconocimiento categórico es algo tan inasible que es muy difícil de valorar. Acabo de recibir una carta de Jorge Rodríguez Padrón, que es uno entre tres o cuatro más que también se lo merecen”.

-¿Si se lo hubiesen dado a uno de ellos?

“Me hubiese disgustado, porque me lo merezco tanto como ellos, más o menos. Sin embargo, no tendría motivos para enfadarme”.

-¿Qué otros galardones han coronado tu trayectoria?

“Yo no soy muy dado a premios, porque no suelo presentarme. De joven, el premio más relevante que tuve fue el Jauja de cuentos, con 19 años. Para mí, el del Aula de Cultura y el Leoncio Rodríguez de periodismo son los más importantes”.

-¿La estatuilla del Premio Canarias de este año no será una tijera?

[Risas] “No lo sé, pero motivos habría”.

-¿Cómo está la cultura?

“Aunque yo estoy un tanto al margen, no queda más remedio que estar metido en eso… La demagogia institucional ha conseguido que el principal cliente del artista sea la Administración”.

-Claro…

“Eso tiene un doble peligro, que los artistas nos veamos obligados a estar pendientes de la Administración y que la empresa privada se desentienda. Y cuando vienen restricciones como esta, ni por un sitio ni por el otro…”.

-La Administración está llena de artistas…

“¿Te refieres a (…)?”

-Entre comillas.

“No, y artistas de verdad [risa]. Creo que no es lo más conveniente. Para administrar el arte hace falta una persona distante que se asesore con los respectivos artistas. Si a mí me nombrasen ministro de Cultura, inevitablemente primaría la literatura y el teatro. Obviamente, es injusto”.

-Existen otras manifestaciones culturales, lógicamente.

“Lo normal sería que la gestión corriera a cargo de una persona culta, sensata y asesorada desde todas las ramas. Esa es mi opinión”.

-La opinión puede llegar a ser un género literario…

“En eso estoy. La primera vez que escribí artículos de opinión de manera periódica fue en La Gaceta de Canarias. Eran 52 al año, uno por semana. Al cabo de un año, Leopoldo [Fernández, exdirector de DIARIO DE AVISOS] me llamó para hacer la columna diaria de la última y estuve dos años. Después publiqué cerca de un año en Canarias 7 y cinco en La Opinión. Nuevamente, llevo tres años en el DIARIO”.

-¿Abundan los elefantes en la fauna urbana [así se titula su serie, dentro del área metropolitana de este periódico]?

“Elefantes, rinocerontes, micos [monos de cola larga]… Hay de todo”.

-¿La gente te mira de otra manera?

“No. Lo que he notado es la satisfacción de que unos desconocidos me paran por la calle para decirme que me leen”.

-¿Y después de esto?

“A partir de este respiro voy a replantearme el tiempo que me queda para trabajar. Ahora estoy preparando los últimos cinco libros que he escrito”.

-¿Influye el cambio de color político en la relación con las instituciones?

“En mi caso, no. En muchas ocasiones influye más la persona que el color político. Nunca ha habido trabas. Puede haber, sí, piques o malos entendidos. Nada más”.