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Noruegos> Perplejita me hallo

Se dice pronto. Cuarenta mil noruegos se concentraron en Oslo para cantar a coro una canción que irrita especialmente al pirado que el año pasado asesinó a 77 personas en su demente cruzada personal en contra de inmigrantes e izquierdistas. Se organizaron a través de Facebook, y en la capital y en el resto del país, quedaron para cantar. Estos noruegos son asombrosos.

Los que nos resistimos al reaggeton sabemos hasta qué punto es desesperante que alguien tararee una cancioncilla que a ti te parece detestable. Conque imagínense cuarenta mil personas que han elegido esa forma para demostrarte que te odian, que se avergüenzan de compartir nacionalidad contigo. A pesar de todo, del individualismo feroz y caníbal en el que vivimos, a veces la gente aún se agrupa para cosas buenas. Gente que no se conoce, pero que de repente quiere ayudarse. Ya sea ofreciendo consuelo ante un acto bárbaro e incomprensible, ya sea dándose apoyo mutuo para impedir que a un anciano enfermo y sin recursos lo desahucien de la casa que puso como aval para la hipoteca de su hijo, como sucedió en Madrid esta semana. Dentro de nada, esto será aún más meritorio, en la medida en que el Gobierno planea criminalizar la resistencia pasiva (que cruzarse de brazos ante la policía sea atentar contra la autoridad demuestra que, seis meses después del fin de ETA, ya nos olvidamos de qué significa atentar).

Pero mientras ese día llegue, pensemos con cariño en esos cuarenta mil noruegos que quedaron un día de lluvia para cantar juntos.