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Pensar por uno mismo > Enrique Arias Vega

Ya no quedan tabúes. La escandalera por el inoportuno y oculto safari del rey Juan Carlos en Botsuana demuestra que hasta los monárquicos han levantado la veda de las críticas a la casa real.

La crisis económica, por su parte, está ayudando muy mucho a cuestionar a personas y a actitudes hasta ahora inmunes a la censura.

Por ejemplo: en una reciente encuesta, muchos votantes del PP manifestaban que Mariano Rajoy va improvisando sobre la marcha y que en realidad no sabe adónde va. También no pocos partidarios del PSOE critican a ese partido por no arrimar más el hombro en esta hora difícil.

Hasta hace bien poco, en cambio, las opiniones y hasta los pensamientos de unos y de otros estaban condicionados por sus respectivas anteojeras ideológicas, como las de los forofos de cualquier equipo de fútbol.

Por eso, cuando uno leía un periódico o escuchaba a un contertulio televisivo sabía de antemano cuál iba a ser su postura sobre el tema que se cuestionaba. Pero ya no. En esta hora errática de certidumbres perdidas, uno lee editoriales o escucha opiniones que le sorprenden por su desprejuiciada franqueza.

Esta nueva actitud no es patrimonio de la izquierda o de la derecha. Uno ve a comentaristas conservadores poner como chupa de dómine los recortes económicos del Gobierno y a columnistas de izquierdas abominar de las subvenciones públicas y hasta de dogmas progres como la paridad de género.

Bienvenida sea esta nueva hora de libertad de pensamiento y de palabra, por la higiene intelectual que supone en un país siempre abocado al cainismo.

No sé cuánto durará esta moda, pero mientras lo haga, aunque no dejemos por ello de ser más pobres, al menos seremos seguro que más libres.