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PISA Canarias: aprendizaje (II) > Enrique Bethencourt

En esta segunda entrega de mi análisis del documento Sistemas fuertes y reformadores exitosos en la educación. Orientaciones de PISA para las Islas Canarias, España, me centraré en los capítulos dedicados a gestión de los centros, alumnado y aprendizajes y participación de las familias.

Uno de los aspectos en que PISA insiste es en la necesidad de reducir la actual burocracia, que amarga la vida a los enseñantes y, en especial, a los equipos directivos. Así como en la asunción de más competencias por los centros, mayor autonomía en su gestión, indicado que “salvo en los casos en los que la legislación estatal española exija expresamente aprobar reglamentos y decretos, estos deberían ser reemplazados por orientaciones”. Reconozco la relevancia de esa autonomía, pero como tal tiene que contar con límites. En numerosas ocasiones he sido muy crítico con esa exigencia, planteada por docentes y sindicatos, y con sus concreciones prácticas. Especialmente cuando la misma sirvió de cobertura para justificar que las tutorías en Secundaria se desarrollaran en horas de mañana, sin tener en cuenta los problemas laborales de los padres y madres, lo que originó un enorme conflicto en el sector en la segunda mitad de los 90 cuando la Consejería pretendió implantar la tutoría de tarde; aunque por el camino que vamos, con un paro superior al 30%, mañanas y tardes, desgraciadamente, son muy parecidas para mucha gente. Otro aspecto relevante del texto es, sin duda, su recomendación de que se fomente una mayor participación de los padres y de la familia en la vida escolar y en la educación de los niños”. Se asevera que los centros deben “llegar a los progenitores, acogerles, responder a sus preguntas e inquietudes, compartir las pruebas del rendimiento escolar de una forma que los padres puedan entender y tratarles como iguales en la empresa conjunta de ayudar a sus hijos a aprender”. Me consta que hay muchos colegios e institutos que lo hacen; y, asimismo, que la estrecha colaboración entre familias y docentes contribuye al éxito escolar. Se equivocan los que, de una u otra parte, se ven como enemigos a batir. Pero, además, hay un problema de participación, un mayor alejamiento de las familias de la vida de los centros y de la propia educación de sus hijos e hijas cuando estos llegan a la Secundaria, que creo que es preciso corregir. Comparto, igualmente, la recomendación al Gobierno de Canarias respecto al funcionamiento de los Consejos Escolares, “buscando formas de darles más competencias ejecutivas y, en tanto eso no sea posible, garantizar que los Consejos sean consultados periódicamente sobre gestión de centros y calidad”. Pero entremos ya en las referencias a los grandes protagonistas de la vida escolar, los estudiantes, y a las metodologías de aprendizaje.

En primer lugar, hay que destacar que PISA cuestiona una de las medidas de calidad adoptadas por el Gobierno de Canarias en la pasada legislatura: el refuerzo educativo de tarde. En efecto, los expertos indican que los resultados “sugieren que es improbable que los programas de refuerzo extraescolares del mismo estilo que las clases normales sean útiles, dado el tiempo que ya se dedica a las clases regulares de lengua y matemáticas. La mejor manera de perfeccionar los resultados de quienes se enfrentan a dificultades de aprendizaje es mejorar la calidad de las clases normales”. Y, por otra parte, confirman la inutilidad de hacer que los estudiantes repitan curso, algo que algunos venimos diciendo desde hace años. Los expertos aseguran que la repetición de curso es del todo  contraproducente, pues “erosiona la creencia de los alumnos en sus capacidades de aprendizaje, tiende a reducir el rendimiento tanto del estudiante en cuestión como de sus compañeros de clase, es una de las causas principales de abandono escolar, incrementa el coste y el derroche del sistema escolar y aborda el bajo rendimiento demasiado tarde como para poder hacer algo. La tasa de repetición debería reducirse para ser tan próxima a cero como sea posible”, concluyen. La realidad de las Islas en este aspecto es muy preocupante: el 49% del alumnado de la muestra de PISA dijo haber repetido al menos un curso (el Gobierno canario discrepa y considera que la tasa es varios puntos inferior), frente al 36% de media estatal. Propone, para superar esta circunstancia, establecer medidas de apoyo a centros y docentes, de manera que se siga de manera continua la situación de cada estudiante, de forma que se pueda “prestar ayuda adecuada personalizada en el momento oportuno a los alumnos que presentan dificultades de aprendizaje”. Algo que con la elevación de las ratios que se han venido produciendo, así como con los recortes en profesionales de apoyo se me antoja una utopía, desgraciadamente, en estos tiempos. Asimismo, critican el actual currículo de Secundaria, al que califican de “demasiado académico e inflexible”, señalando que no está adecuado para ofrecer vías lógicas de estudio ni para alcanzar las competencias básicas en las distintas áreas.
En ese sentido, proponen “acomodar más opciones de materias profesionales y relacionadas con el mundo laboral, centrarlo menos en contenidos y conceder más tiempo al desarrollo de competencias”. Yo añadiría, como escuché estos días a las AMPA de Gran Canaria, que hay que superar un hecho fundamental: la escuela del siglo XXI sigue enseñando con métodos del siglo XX, desaprovechando los recursos que las nuevas tecnologías suponen, y su enorme atractivo entre los jóvenes. Igualmente, proponen la mejora en los métodos de evaluación, un estudio  “sobre el modo en que la configuración y duración de la jornada escolar y las largas vacaciones de verano repercuten sobre el aprendizaje de los estudiantes en diversas edades”. E investigar la manera de “estimular el rendimiento escolar usando el horario lectivo de que se dispone de manera más efectiva”. No entiendo mucho, por cierto, sus alusiones a la jornada continua, sobre todo cuando en Secundaria se funciona en prácticamente todos los institutos de España, estando el debate situado en la conveniencia o no de la jornada única en Primaria. Además, y aunque PISA se centra en la Secundaria, el equipo de la OCDE realiza una defensa de la relevancia de la Educación Infantil preobligatoria, aseverando que los programas deberían mantenerse, “a pesar de las presiones presupuestarias, si están ayudando a menores vulnerables”. Añadiendo que se han mostrado “efectivos para reducir el riesgo de abandono y fracaso”; y recordando que la cifra de menores en riego puede estar aumentando “por las circunstancias económicas adversas”. Por último, me llama la atención su propuesta de que los directores, en colaboración con el Consejo Escolar, tengan capacidad para seleccionar a los docentes del instituto, asignarles a aulas específicas, encargarles responsabilidades e, incluso, trasladarlos de centro si no rinden adecuadamente. Aspecto que choca con las actuales normativas estatales, mucho más rígidas y mucho más tolerantes con los que desarrollan mal su trabajo; al margen de que no creo que la solución estribe en trasladar el problema de un mal docente a otro centro. Pero de los profesores, agentes esenciales de la educación, hablaremos en la tercera entrega.