análisis >

Que vuelvan a inventar ellos > Roberto Moreno

No podemos estar de acuerdo, sea del signo político que sea cada cual, con la política del recorte por el recorte, con la absoluta falta de criterio y de visión de futuro de país que está demostrando el Gobierno de Rajoy. Los diktat de los mercados y de Alemania, a cuyo Gobierno le salen gratis los esfuerzos que otros puedan hacer sobre sus economías, no justifican que el redimensionamiento presupuestario que estamos sufriendo a nivel estatal carezca de un plan de recuperación a corto y medio plazo que suponga también un cambio en las políticas de generación de riqueza que ya no pueden estar basadas en mano de obra no cualificada, en construcción y depredación territorial, sino en formación, conocimiento y tecnología en el sentido más amplio del significado de estos términos.

Ya tenemos, como colectivo nacional, algo de historia en democracia y mucho de historia económica que nos permite comparar las actitudes y reacciones de gobiernos diferentes en situaciones similares. En la primera mitad de los años 90, sobre todo a partir de 1993, España vivió una crisis económica, recesión incluida, que hizo subir el paro, el endeudamiento y el déficit de las administraciones públicas a niveles muy peligrosos. Los datos están en las hemerotecas, accesibles por internet. Pero también están accesibles por internet las cifras de inversión pública en ciencia y tecnología durante esos años (especialmente interesantes del 92 al 95). Es muy llamativo comprobar cómo en un momento de emergencia económica, con la Seguridad Social en su primer déficit y en el que las administraciones públicas generaban un agujero un 20% superior al previsto, el esfuerzo inversor del estado en innovación e investigación científica se mantenía: los créditos públicos presupuestarios no disminuyeron en el periodo 93-95; la financiación de la I+D en las universidades españolas creció netamente en esos mismos años (y hasta el 97, periodo en el que paralelamente disminuyó el presupuesto para I+D en Defensa).

El resultado social se hizo notar en los diez años siguientes: aumentaron las patentes, tanto en número neto como por millar de habitantes, la creación de empresas de base tecnológica y, en el sistema ciencia-tecnología-industria de nuestro país, el número de investigadores en organismos públicos y el de personal de I+D en las empresas hasta sobrepasar el 5.1% de la población activa. Eran los tiempos en los que empresas españolas lanzaban resultados de investigación en antitumorales, ponían satélites en órbita, desplegaban redes de telecomunicaciones y sistemas de energía renovable, desarrollaban software (también antivirus…), aumentaban las becas públicas de investigación, las publicaciones científicas y la presencia de España en foros internacionales. Por primera vez en nuestra historia, nosotros también inventábamos y lo aprovechábamos creando empleo de alta calidad y cualificación.

Un recorte del 25% de los fondos públicos destinados a la investigación científica y la innovación, como los previstos para este año, condena de nuevo a nuestro país, sus organismos públicos de investigación y sus universidades, al “que invente ellos” durante muchos años y a depender del desarrollo científico de otros, por el que pagamos (nos demos cuenta o no) mucho dinero. La I+D+i es la herramienta que debería usar el estado para redefinir el marco económico de España y su crecimiento en los próximos años (lo comenta, extrañado por la miopía política del Gobierno, The Economist en un editorial dedicado íntegramente a nuestros PGE 2012), y frente a eso nos encontramos con frenazo sin antecedentes. Nuestras Universidades formarán, otra vez, a los mejores técnicos y científicos para que pasen a engrosar la lista del paro o, lo que es mucho más probable, potencien el PIB de Alemania, EE.UU., Japón y Corea en el mejor de los casos. O, dicho en otras palabras y publicado en la revista Nature en febrero pasado, estamos asistiendo al “suicidio científico” de España mientras el resto del mundo desarrollado consolida sus economías basándose en el conocimiento.

*Director general de Telecomunicaciones y Nuevas Tecnologías del Gobierno de Canarias y profesor universitario en excedencia